800 romeros realizaron este domingo el tradicional peregrinaje de la Parranda de San Pedro desde A Ramallosa, en Nigrán, hasta Morgadáns, en Gondomar, un recorrido de unos 8 kilómetros que desde hace más de un siglo se realiza como muestra de fe a San Roque. Antes de las ocho de la mañana ya estaba el camión de la Parranda en circulación para recoger las empanadas, cargar el vino, aguas y refrescos para los romeros. A las ocho en punto, un par de bombas de fuego anunciaban que la organización de la Parranda estaba en pie y de camino a las Forjas del Miñor, en la Avenida de Portugal, donde a las nueve de la mañana partía la comitiva, los mayores caminando y los niños, las viandas y los músicos subidos a cuatro tractores y un camión debidamente engalanados con flores para la ocasión. En cada cruce de la carretera, además de lanzar “bombas” que anuncian su llegada, más multitud se suma a la familia de la Parranda.
Ya en el centro de Gondomar, hizo su entrada en la Plaza Paradela la Banda de Música del Val Miñor, y seguidamente, la charanga OT, dirigida por José Pérez Bugallo, con un amplio repertorio musical, los cuatro tractores y los romeros. Esperaban la Comisión de Fiestas de San Roque y miembros del gobierno local. Tras el tradicional encuentro de las dos agrupaciones musicales, el presidente de la Parranda, Evaristo Blach, hizo entrega de dos placas conmemorativas de la Parranda de San Pedro a San Roque con motivo sus 110 años de historia a los alcaldes de Gondomar y Nigrán, Paco Ferreira y Juan González, para enseguida continuar la marcha hasta Moargadáns. Tras más de dos horas de recorrido, la Parranda dio entrada en el recinto de fiestas al finalizar la misa de las once, primero la Banda de Música, y minutos más tarde, la Parranda de San Pedro con la charanga OT. Después de estacionar los tractores y desfilar hasta la Capilla y rodearla como manda la tradición, ante el caluroso aplauso de cientos de personas, se repartieron raciones de empanada entre todos los romeros que compraron la camiseta a un trozo de empanada, vaso de vino y refrescos.
A las 12:00 horas dio comienzo la Misa Solemne al aire libre. Finalizada la eucaristía comenzó la procesión, y seguidamente las tradicionales subastas del santo a cargo de Carlos Riveiro. Para finalizar la mañana, la Banda de Música ofrecía su concierto matinal y los tractores de la parranda y los romeros se desplazaban hacia la carballeira del monte, para comer. Tras el almuerzo, muchos se pusieron a descansar para coger fuerzas de nuevo, otros a bailar y escuchar la música que durante la tarde amenizó a los asistentes. A las siete de la tarde los romeros y tractores abandonaban el campamento hacia la capilla de San Roque para despedirse del Santo hasta el próximo año, que se celebrará el 111 aniversario de su fundación. Tras la despedida del recinto de fiestas partieron caminando los romeros detrás de los tractores y bailando al son de la música de la charanga. Sobre las nueve de la tarde llegarían al recinto de fiestas de San Antonio, en Vilariño, para seguir bailando hasta las doce de la noche, mientras el cuerpo aguante, para finalizar con una tirada de fuegos de lucería.
En la parroquia de Vilariño señalan a un hombre llamado Dionisio como el fundador de la parranda en 1916, personaje del que desconocen el apellido pero que, aseguran, tuvo 40 hijos con diferentes viudas por la Guerra Civil. En aquellos años, la parranda estaba integrada por una veintena de familias (sobre 100 personas) en las que las mujeres llevaban la comida en patelas en cabeza y los hombres los garrafones de vino, siempre acompañados por gaiteros todo el camino.











































