La nonagenaria de Nigrán que combate jabalíes con petardos

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Rosa Eugenia mostra espigas mordisqueadas na súa leira.

A sus noventa años, Rosa Eugenia Misa Alborés tiene claro que una manada de jabalíes no va a ser quién de amedrentarla. Tras el primer ataque sufrido hace poco más de diez días lo tuvo claro, y desde ese momento hace guardia todas las noches desde su galpón situado en el terreno de varios “ferrados” de extensión que la vecina de Nigrán tiene en la parroquia de Camos.

Los puercos salvajes hicieron estragos en su finca destrozando la mayoría del maíz tierno que había plantado y cuando cae el sol se mete en su galpón, acompañada de sus perros petardos en mano, en cuanto escucha el más mínimo ruido se levanta coloca uno de ellos en una caña que tiene colocada estratégicamente a la entrada de su finca y enciende su mecha. “Con el ruido se escapan y es raro que regresen en la misma noche”, explica, al tiempo que reclama una batida para poder descansar. Otro de los medios caseros que utiliza es el acotado de la zona de cultivo con botellas llenas de orina de lobo que utiliza como repelente natural. Lo cierto es que no es la primera vez que se encuentra en una situación similar, el pasado año pasó casi todo el mes de septiembre durmiendo debajo de una parra hasta que el cereal maduró. “Una vez endurece el grano ya no se lo comen, el peligro suele pasar entrados en octubre”, explica.

El jueves 8 de septiembre recibió una visita de uno de los técnicos de Medio Rural que evaluó los daños sufridos en su propiedad y le comentó que estudiarían la posibilidad de autorizar una cacería para mantener las intrusiones a raya, pero todavía no obtuvo respuesta. Para estos casos, la Administración contempla una serie de indemnizaciones que oscilan entre los 16 y 25 céntimos el metro cuadrado dañado, en su caso el dinero que recibirá no cubrirá ni los gastos de cultivo. “Solo quiero que se tomen las acciones necesarias para controlar su avance”, añade, al tiempo que explica que subsiste con una pensión de 600 euros y no puede comprar el maíz, el que obtiene lo destina a la elaboración de harina y como sustento de sus gallinas.

A esta situación se suma la sequía vivida en el verano, que mermó considerablemente la producción, además de los más de mil euros que invirtió esta temporada en alquilar un pequeño tractor para arar el campo y en la limpieza y la siembra del suelo. “No hay derecho, no se puede dejar morir todo”, remata.

La situación que vive Rosa Eugenia es muy similar a la denunciada el pasado 9 de agosto por unos vecinos del lugar de Xián en Gondomar, aunque en esta ocasión los daños fueron mayores e incluso mataron una mascota. Aquí se autorizó una batida, que se llevó a cabo el pasado sábado 3 de septiembre por los montes de la zona.