El Concello de Nigrán estrena este viernes 6 de febrero a las 18:00 horas en el Cine Municipal de A Ramallosa el corto documental “O mestre Antonio Roade”, encuadrado en la iniciativa municipal “Nigrán na memoria”. De este modo, la entrevista realizada por Cris Grande a Antonio González Roade, profesor retirado de 90 años, pasará a engrosar el Archivo Histórico Audiovisual de Nigrán junto con las realizadas a mujeres nigranesas representantes de oficios desaparecidos (la muiñeira Rosa “de Malde”, la redera Rosalía González y la campanera Esther Nande) o el reportaje sobre el rehabilitado molino de Porto do Molle. El objetivo del Concello, en este caso, es poder retratar en boca del maestro veterano del municipio el sistema educativo de posguerra, con clases saturadas de estudiantes, sin secretar por edades, con escasísimos recursos y con un método docente antagónico al del día de hoy. La entrada es gratuita hasta completar el aforo y la duración del corto es de 36 minutos, tras el cual se establecerá un coloquio con el protagonista, Antonio González Roade, conocido por su alumnado como “Antonio Roade”. “Seguimos documentando a través de nuestros mayores tradiciones, oficios y costumbres porque forman parte de nuestro patrimonio inmaterial. En este caso me propusieron documentar a mi padre por ser el maestro veterano de Nigrán y quien puede explicar en primera persona cómo era el sistema educativo de posguerra, ese es el objetivo, rendir homenaje a todo ese profesorado a través de un testimonio vivo”, explica el alcalde, Juan González, quien avanza que ya se está trabajando en un corto que retrata a través de una mujer retornada la emigración de nigraneses a Sudamérica.
Antonio ejerció como profesor de la escuela Damas Apostólicas de A Ramallosa, ubicada en el Pazo de Pías, desde inicios de la década de los años 50 hasta su cierre en los 70, después estuvo en la Academia Delta de Nigrán y, en la última etapa y hasta su jubilación, en el Divino Salvador de Coruxo. “Era una época muy difícil, a mí me enseñaron a enseñar a que los estudiantes obedecieran”, confiesa el maestro. De esta dureza recuerda especialmente que los chicos, la mayoría de San Pedro y Parada y de Belesar o San Cibrán (Baiona), acudían a pie y se mezclaban medio centenar de ellos, sin importar edad, en un aula que era una antigua caballeriza con capacidad real para 20 personas. Antonio cobraba 5.000 pesetas al mes y los chicos, todos varones, pagaban 10 pesetas. “Sus padres eran unos auténticos héroes, yo siempre digo que si tienes un hijo lo eduques siempre como hijo de pobre para que sea un adulto responsable, como fueron los míos. A mí me tocó la lotería con ellos”, dice Roade, quien se siente muy orgulloso de esos hombres, hoy ya jubilados la mayoría de ellos. “Recuerdo que jugaba con nosotros en el recreo, a las canicas o al fútbol, era muy especial”, destaca un antiguo alumno, quien dice que tampoco escatimaba en broncas cuando así tocaba. “Era un sistema muy duro que se basaba en la obediencia y con nulas ayudas y pocas escuelas públicas”, lamenta Roade.

