Los cuadros de personal de todas las empresas de la automoción gallega están llamados a una jornada de huelga el próximo jueves 28 de noviembre ante la “situación límite” que atraviesa el sector a consecuencia del proceso de “reconversión”, deslocalización y precarización en el que está inmerso desde la irrupción del vehículo eléctrico. El paro de 24 horas convocado por la CIG-Industria tanto en la empresa principal Stellantis como en alrededor de 50 compañías auxiliares y de componentes ubicadas en las comarcas de Vigo, Pontevedra y Ourense tiene por objeto exigir medidas urgentes que garanticen los puestos de trabajo y unas condiciones laborales dignas.
El anuncio de la huelga fue hecho por el secretario nacional de la CIG-Industria, Xoán Xosé Bouzas, durante la protesta desarrollada hoy por delegados/as de la central sindical a las puertas de Stellantis en Vigo, que coincidió con la huelga convocada en la fábrica italiana de Stellantis.
Bouzas hizo hincapié en que la convocatoria es un paso más del “intenso trabajo” que la central sindical lleva varios años haciendo en defensa del empleo y de las condiciones laborales en un sector que se encuentra “en situación de emergencia” por la honda crisis que atraviesa, lo que está intensificando la precarización de las condiciones de trabajo y la pérdida de derechos sociales. “Desde la pandemia los trabajadores/as padecen ERTE continuos de 30, 60 o 90 días de duración que sufragan con sus prestaciones por desempleo; a lo que hay que sumar la progresiva desregulación de la jornada laboral, hasta el punto de que ahora se trabaja fines de semana, domingos y festivos y después se descansa durante la semana”, señaló.
Otra consecuencia de esta situación es el aumento de la flexibilidad interna en las empresas, “que provoca que la mayoría de los cuadros de personal no saben cuáles van a ser sus horarios la semana que viene ni cuantos días van a trabajar la última semana de octubre, por ejemplo”. Una flexibilidad que impide -tal y como denunció el responsable sindical- la conciliación de la vida personal y laboral. Este proceso “imparable” de precarización de las condiciones de trabajo contrasta con el hecho de que Stellantis registrara 18.600 millones de euros de beneficio el año pasado, tal y como detalló Bouzas.
“Carlos Tavares, director ejecutivo de Stellantis, dice que hay que abaratar costes, pero su salario de 36 millones de euros no lo baja. Y dispara la desconfianza de los trabajadores/as cuando asegura que si tiene que cerrar fábricas lo va a hacer”, censura el secretario nacional de la CIG-Industria. Precisamente para mostrar su rechazo a la gestión y a las declaraciones del empresario luso los delegados/as de la CIG que participaron en la protesta ante la fábrica viguesa llevaban puestas caretas con la cara de Tavares.
Bouzas cargó también contra CEAGA, el clúster que agrupa las empresas de la automoción gallega, al que también hizo responsable de la situación y acusó de “tirar piedras contra su tejado”, ya que no cuestionan las directrices de Stellantis que obligan a abaratar costes, “y lo único que hacen es recortar empleos, salarios y derechos”.
Por todo esto, hizo un llamamiento al conjunto de los cuadros de personal del sector y a los comités de las distintas empresas a secundar la jornada de huelga “para decir alto y claro que hasta aquí llegamos, porque no puede ser que las personas trabajadoras de la industria gallega del automóvil estén ingresando salarios inferiores a antes de la pandemia por culpa de paradas constantes de la producción; unas paradas que antes eran supuestamente consecuencia de la situación derivada de la covid, luego de la crisis de los microchips, y ahora ya no se sabe de qué porque las empresas ya no dan explicaciones y parece que los ERTE se normalizaron en el sector”.



