El refugio animal de La Isla de Tali crece con 15 voluntarios

Natalia Rodríguez, “Tali”, sigue fiel a su vocación proporcionando todo tipo de cuidados a perros (6), gatos (15), roedores (14), conejos (6), caballos (5), una oveja, cabras (4), cerdos (3), un carnero, aves (15), incluso algún que otro reptil (basislisco) o tortugas desde su isla en plena desembocadura del Miñor, que, como un arca, otorga una segunda oportunidad a cerca de una centena de animales que por un motivo u otro acaban desamparados. Su contexto actual le ha obligado a adaptarse y es que desde la fundación de su refugio interespecie, allá por 2016, Tali, estuvo al frente de todo tan solo apoyada por su familia. No por obligación sino por mera voluntad, sin embargo, ahora se decidió a recurrir al voluntariado para que la calidad de los cuidados no cambien, las horas del día son las que son y entre trabajo y estudios apenas le queda tiempo. Ahora cuenta con una quincena de personas amigas que le ayudan a seguir adelante con su proyecto varios días por semana y que según asegura ha venido para quedarse. No los considera meros trabajadores, sino más bien un equipo. “Mi objetivo es que las jornadas se conviertan en tardes divertidas, no de trabajo. Somos una piña, nos conocemos y pasamos muy buenos momentos”, explica.

Cambios de rotación

Si hace un año los animales que más acogían eran roedores, esta tendencia ha dado un giro y ahora son perros. Tali considera que la crisis tiene mucho que ver con esto porque a más tamaño mayor coste de manutención y mantenimiento. Por el momento tienen cerrados los rescates porque están modificando las instalaciones.

Además del trabajo de campo el ADN de esta asociación interespecie existe una gran labor divulgativa. Tali asegura que hay un gran desconocimiento sobre cómo se debe de tratar a ciertos animales o más bien en las condiciones que deben de estar en el momento que alguien se decida a adoptar. Y es que además de salvar vidas también enseñan las peculiaridades de cada uno. En el caso de los jerbos, hamsters, conejos o cobayas la tendencia a creer que pueden estar en jaulas minúsculas los lleva a denegar las adopciones porque simplemente muchos de los candidatos no están dispuestos a hacer un desembolso mayor o porque en otros casos creen que se están llevando un mero objeto decorativo, un entretenimiento. “Para eso preferimos seguir haciéndonos cargo nosotros, les aconsejamos los mismos receptáculos que utilizamos aquí, de un metro cuadrado y muchos desisten”, sentencia. Las cobayas o los conejos se encuentran en el polo opuesto, son animales gregarios que necesitan estar sueltos y en grupo con otros de su especie. “Tienen que seguir su instinto, en su estado natural harían muchos kilómetros al día y en un espacio como los que venden en las tiendas de mascotas no más de 500 metros. Esto es lo que queremos enseñar”, reflexiona.

Precisamente, una vez que hacen la entrega de las mascotas realizan un seguimiento de todos y cada uno de ellos, para asegurarse de que estén bien atendidos. Para Tali cualquier ayuda es bien recibida. “Hay miles de formas de ayudar un animal, solo con avisar de algún caso en precario o maltrato ya están aportando muchísimo. En esto consiste todo”, remata.