Vincios lucha por mantener vivas sus tradiciones

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Enrique Freiría, Severino Novas, Pablo Rial, Pablo Troncoso e Tito, dirección da rondalla, coro e asociación.

La Asociación de Vecinos O Galiñeiro de Vincios formada por más de 400 socios de la parroquia gondomareña ha sufrido un parón en su andadura con motivo de la pandemia, pero Pablo Troncoso González, presidente del centro cultural, es de los que piensa que cuando se da un paso atrás se hace para coger impulso y no para perder fuerzas. Antes de la crisis sanitaria, desde la entidad asentada en el complejo perteneciente a la Comunidad de Montes desarrollaba un programa plagado de actividades. Impartían clases de gaita, de pandereta, de baile tradicional, guitarra, pintura o lenguaje de signos, entre otras.

Aunque estas iniciativas son una mínima parte de los elementos que completaban su calendario, todas ellas se centran en mantener viva su tradición y que están en trámites de volver a la palestra, siempre con la música como punto de unión. “Si se hacen cosas la gente se anima, pero si las dejas morir acabaríamos cerrando”, asegura. Su partida será la Festa do Socio e do Veciño del 12 de septiembre, que, junto al Coro Cantares do Brión, centrarán la celebración en homenajear a Casimiro Rodríguez Carrera del grupo “Os Terribles de Vincios” y uno de los fundadores de la rondalla, una entidad musical que se acabó disolviendo no por nada en particular.

El cambio de los tiempos y la profesionalización de una modalidad musical que se hacía por puro placer tocó y casi hundió a un conjunto que nació hace más de 70 años, lo que la convierte en la longeva de todo el Val Miñor. Ahora con Severino Novas al frente como director están volviendo a reunir personas y hacen un llamamiento a la participación con un doble cometido que no es otro que pasarlo bien como antaño, recuperar la ilusión y esencia propia de este tipo de agrupaciones, algo difícil pero no imposible. “Todos son bienvenidos”, matiza.

“Como las rondallas de antes”

Novas quiere volver a tomar como punto de referencia los “Cantos de Reis” introduciendo el canto de los “rondalleiros” de antes y más instrumentos tradicionales. “Esto no quita que se puedan incluir otros elementos instrumentales pero con la finalidad de rescatar la fiesta que prácticamente se perdió con su profesionalización”, reitera. Pese a que no lo tienen fácil, su vuelta será inminente con 40 integrantes, un número que puede parecer grande. Sin embargo en realidad es muy inferior a los 140 que ponían nombre y apellidos al grupo que en vacas gordas actuaban en multitud de lugares de manera desinteresada y cobrando la voluntad. “Queremos hacer música, pasarlo bien y resurgir”, finaliza.

El Coro Cantares do Brión y la leyenda de la garza y el búho real

El Coro Cantares do Brión se fundó en el año 2008, se compone de más de medio centenar de personas y está muy vinculado a la Asociación de Vecinos O Galiñeiro, aunque son entidades independientes, Junto a “Cántigas da terra”, “Toxos e froles”, Cantigas e agarimos” y “Coral de ruada”, completa la totalidad de los coros gallegos existentes en toda la comunidad. Se estructuran en cuatro voces, dos de hombres, dos de mujeres, con un acompañamiento de música tradicional con gaitas y percusión. Tienen dos discos editados.

Pablo Rial Salgueiro, su director, explicó de dónde procede el nombre de la agrupación. Su origen parte de una leyenda muy peculiar propia de Vincios, que pone el acento y protagonismo en la figura de la mujer. En la sierra de la parroquia gondomareña, en el Monte da Estoca, existe una cueva llamada “Touba do Brión”. La historia cuenta que en ella vivían una garza y un búho real, un poco holgazán, que estaban enamorados y era ella la que se encargaba de salir todos los días a buscar comida a A Ramallosa, mientras que él se encargaba de cuidar a las crías que tenían en común.

Este relato además es el argumento de una representación teatral cuyo guión fue elaborado por la ex componente del coro, Lucía Cid Cavido, e interpretado por sus integrantes. “Esta obra estaba centrada en los diálogos que mantenían la garza y el brión que se representaban con unas máscaras. Ella es la que lleva el protagonismo”, explica Rial. Además de toda la puesta en escena, prácticamente todo el repertorio contaba con una traductora en lengua de signos, Patricia Gómez.