Medio siglo después de su naufragio junto las islas Estelas con 30.000 toneladas de hierro, el carguero liberiano “Ivy” vuelve a estar de actualidad. Según constató el Concello de Nigrán, el Ministerio de Defensa (máxima autoridad competente en este asunto) viene de paralizar el intento de extracción del mineral que transportaba este pecio por parte de una empresa valenciana al tiempo que solicita informes a expertos sobre el impacto ambiental que se provocaría en esta área ubicada en la Red Natura 2000 y catalogada como Zona de Especial Conservación (ZEC), además de situarse muy cerca del Parque Nacional das Illas Atlánticas.
“Existe consenso en que su extracción acabaría con este fondo marino que sirve de cobijo y zona de cría de diferente fauna, así como de alga laminaria. No podemos permitir que se altere lo más mínimo ese ecosistema, forma parte de nuestro patrimonio natural más sagrado”, defiende el alcalde, Juan González, quien avanza que enviará un escrito al Ministerio de Defensa reafirmando esta postura. “La posible rentabilidad económica para una empresa privada no puede poner en riesgo nuestro equilibrio ecológico submarino”, incide el regidor.
Investigadores de la Universidade de Vigo, educadores ambientales, patrones de pesca, etc… corroboran que el pecio, hundido a 10 metros de profundidad, constituye a día de hoy un arrecife natural consolidado, siendo por tanto una zona de alto valor ecológico y pesquero en el que se refugia fauna silvestre y crían pulpos, nécoras, lubinas, centollos o congrios. Conforma también un hábitat de algas amenazadas como la laminaria (una especie altamente protegida por su gran capacidad de oxigenar el agua). “Es un auténtico santuario fundamental para nuestra economía pesquera; conforma un arrecife único al que acuden habitualmente clubes de buceo atraídos por estas características”, subraya González, quien incide en que estando además situado en la Red Natura 2000 “hay que actuar en consecuencia impidiendo que ese medio se altere”.
“Si quisiéramos construir a propósito un arrecife como este tardaríamos décadas y gastaríamos millones de euros en alcanzar algo tan perfecto. Destruirlo sería, patrimonial y ecológicamente hablando, una pérdida injustificable”, considera Antón Lois, experto educador medioambiental. “Extraer ese mineral implicaría inevitablemente la destrucción del hábitat, además de remover sedimentos y sustancias estabilizadas por el tiempo con las consecuencias negativas que esto conlleva”, zanja.





