Couso “siembra agua” para combatir la sequía

Se estima que 2500 millones de personas, un 36% de la población mundial, moran en zonas con escasez de agua. Otros 2.300 millones de personas se enfrentan a una situación de estrés hídrico en 2022. Esto es, la demanda de agua fue y será más alta que la cantidad de agua disponible durante un período determinado. Galicia, España y Europa vienen de sufrir este 2022, una de las sequías históricas más extremas del último siglo. Un problema mundial, precisa estrategias globales, pero también es posible actuar desde lo local.

La parroquia de Couso, pone en marcha su innovador plan para proteger y alimentar sus acuíferos, para combatir el estrés hídrico que se padece en la época estival. Para eso, ha programado sembrar agua. ¿Cómo se hará? En síntesis, evitando las escorrentías superficiales que devuelven de inmediato el agua de las lluvias al mar, y favoreciendo las escorrentías subterráneas que alimentan los manantiales, almacenan grandes volúmenes de agua y retrasan la llegada de las aguas hasta los ríos y el mar.

El plano de actuación contempla actuaciones en varias fases:

1. En la primera se estabilizarán las aguas caídas de la lluvia, mediante “Swais”, unos arroyos de infiltración hechos por curvas de nivel topográfico, que facilitarán la retención de las aguas, favorecerán las escorrentías subterráneas y evitarán las fugaces escorrentías superficiales y preservarán las erosiones de tierra fértil por las fuertes pendientes de la Parroquia de Couso.

2. Los “Swais”, los canales o sucos, tendrán un mayor porcentaje de humedad, que facilitarán la colonización de multitud de hongos y bacterias, potenciando la microbiología, que proporcionarán una mayor fertilidad a las tierras tratadas y permitirá la aparición de una agricultura regenerativa.

3. Sembrar serradela, trébol, rábano “daikón”, mostarda centeno…, con el objetivo de acolchar, fijar y nitrogenar la tierra y favorecer el paso a la última fase.

4. Creación del “Bosque comestible”. Para tal fin, se plantarán dos tipos de árboles. Las primeras especies fijadoras de nitrógeno. Las segundas, más de 40 especies frutales diferentes. Especies frondosas, no pirófilas que recreen el paisaje autóctono típico.

Estas cuatro fases permitirán poseer acuíferos más abundantes y copiosos durante más épocas del año, al tiempo, proveer a la parroquia de una despensa natural y pública para suministrarse de frutas de temporada. Por último, una floresta densa, tiene como consecuencia una menor evapotranspiranción. Una menor evaporación de las aguas y humedades que en las zonas áridas o con escasa vegetación, por tanto, también contribuye a preservar los espacios húmedos y manantiales.