Las peculiares inquietudes de un miñorano amante del espacio

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Félix Costas na súa vivenda de Morgadáns apoiado sobre un dos dous observatorios dotados de telescopios interiores. Á dereita unha nova maqueta.

La capacidad de inventiva de este vecino de Morgadáns en Gondomar no tiene fin. Félix Costas, electricista de 64 años y jubilado desde hace ocho tiene un auténtico parque temático en su jardín. Sus grandes obsesiones, la astronomía, la caza de extraterrestres y alguna que otra colección cuanto menos singular, además de comer velutinas fritas como aperitivo. La pasión por las naves espaciales le viene de lejos pero no fue hasta hace cinco años cuando se decidió a montar dos cohetes a modo de observatorios, el lunar y el destinado a ovnis, bólidos o humanoides. Pasa las noches despejadas observando las estrellas y la estación espacial internacional a través de un telescopio y donde a menudo y sin quererlo le coge desprevenido.

Hace pocos días añadió un tercero que “supuestamente” está orientado a Marte, rotulado con “Apolo Gulfar 1” y un “que la fuerza te acompañe”. Esta frase no está puesta por azar porque como es de suponer, también es fan de “La guerra de las galaxias” entre otras obras de ciencia ficción del género. Cuenta con varias maquetas colocadas en diferentes puntos del jardín como un challenger, un helicóptero “Huey” que recuerda a los de la guerra del Vietnam o incluso un F14 y todos con sus luces y efectos de estrobo. Su última incorporación a esta peculiar colección será la cápsula lunar a escala que llevó a Amstrong y Aldrin a pisar la luna en el 69, todavía en construcción. También tiene en mente reproducir un gran submarino, otro de los vehículos por los que se siente atraído, de tres metros de largo y con el espacio interior suficiente para albergar a una persona.

Puede sonar excéntrico y lo cierto es que este gondomareño no pasa inadvertido hasta el punto que despierta la curiosidad de muchos de los ciclistas que pasan por su vivienda a escasos metros del emblemático Bar Salón. Según asegura lleva invertidas decenas de horas en “sus cosas” y más de 20.000 euros.

Como buen cinéfilo cuenta con una sala de proyección de otra de las estancias de su vivienda, el “segundo nivel”, equipada con un artilugio que es capaz de reproducir películas a distancia, altavoces, luces y un sinfín de cachivaches. Como le gusta rizar el rizo, mientras ve sus películas favoritas reproduce otras tres en televisores independientes, según explica “para estimular el cerebro” para que la experiencia se vuelva todavía más psicodélica si cabe. Además en las noches de verano se lleva un generador al monte y da rienda a su imaginación cinematográfica en plena naturaleza.