Con una línea que recuerda al Mercedes Benz 300 SL “Alas de Gaviota”, Francisco Delgado muestra con orgullo a su “hermano pequeño”, un MB 190 SL de 1958 que él mismo restauró tras adquirirlo en Portugal importado del mercado norteamericano hace ahora ya diez años. Aunque para ser precisos es justo señalar que su idilio con este vehículo se remonta a Múnich en 1966, momento en que Francisco vio por primera vez y condujo un ejemplar de lo que 50 años después se convertiría en su joya más preciada.
Y es que toda su vida estuvo muy ligada al mundo de los vehículos, para ser concretos desde la tierna edad de 15 años cuando empezó a trabajar en talleres de Ourense y León. Con 18 se trasladó a Alemania en donde trabajó para marcas como BMW, MAN o como chapista del ferrocarril, hasta que regresó a España y montó su propio taller en A Ramallosa del que estuvo al frente durante 33 años y que ahora regenta su hijo Pablo. Precisamente su amplia experiencia reparando y pintando carrocerías le permitió otorgar una segunda juventud a un vehículo convertido en “rara avis” y que según explicó se encontraba en un estado de conservación peor del que se pensaba, algo de lo que se dio cuenta tras desnudar al completo su carrocería y llevarla a chorrear con arena a presión. Sin embargo este fue un motivo para esforzarse aún más si cabe y el resultado tras dos años de trabajo paciente saltan a la vista. “Le dediqué muchísimas horas”, añade.
Unas líneas espectaculares que bajo un color blanco, múltiples cromados y tapicería en rojo son capaces de arrancar miradas allá por donde pasa causando de todo menos indiferencia. Tras diez años de paseos y concentraciones y casi 60.000 kilómetros recorridos Francisco asevera que “no lo vendería por nada del mundo y eso que me tienen hecho buenas ofertas”. Bajo su capó esconde una mecánica simple pero muy fiable, un motor 1.9 cuatro cilindros con dos carburadores Weber adaptados a posteriori de doble cuerpo que desarrolla 105 caballos de potencia y 170 kilómetros hora con una caja de cambios de cuatro velocidades, “en aquella época todavía no existían las de cinco”, explica. Al coche no le falta detalle, conserva su autorradio original, una “Becker Europa” y que funciona a la perfección, posee intactas las chapas indentificativas tanto del código de color de fabricante como del número de serie alojada en el compartimento del motor. Muchas de sus piezas están fabricadas en aluminio como el capó, portón trasero, salpicadero o anclajes de las puertas, algo para nada común en la década de los 50 mientras que su cuenta kilómetros en millas es el testigo de su viaje desde el otro continente. Se produjeron 25.881 unidades entre 1955 y 1963 casi todas ellas vendidas en Estados Unidos y se presentó por primera vez en el salón de Ginebra, dos meses antes de su producción en cadena en la planta de Sindelfingen, Alemania. En la actualidad son piezas muy preciadas y una unidad en buen estado puede superar los 100.000 euros en el mercado.
UN PROCESO DE RESTAURACIÓN MINUCIOSO
Si una cosa buena tiene este modelo fabricado por Mercedes Benz es la posibilidad de conseguir absolutamente todas las piezas que lo componen, ya sea a través de la casa como de fabricantes externos. Durante el proceso de restauración su propietario lo desmontó completamente hasta dejar su carrocería completamente desnuda y una vez que saneó todos los desperfectos signo de la edad comenzó con el proceso de pintado y posterior montaje.
Para homologarlo al mercado europeo Francisco tuvo que adaptar el sistema de alumbrado porque en EEUU las intermitencias y la luz de población van en el mismo piloto. El motor fue sometido a un proceso de renovación completo y fue desmontado elemento por elemento. En la actualidad Francisco pertenece al club de clásicos Val Miñor y Baixo Miño participando activamente en múltiples concentraciones. A lo largo de sus 60.000 kilómetros recorridos las averías sufridas fueron mínimas.

