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Val Miñor Post-Coronavirus: ¿Cómo seguimos?

La aparición del nuevo virus puso el mundo patas arriba. Pasado el asombro inicial y la incertidumbre ante las consecuencias que trajo consigo llegamos aquí. Galicia finaliza su “estado de alarma”. Podemos ponernos a pensar: ¿cómo seguimos?

Entre la cantidad ingente de información que saturó los medios de comunicación no destacaba aquella que se centraba en la búsqueda de las causas que nos llevaron a la situación, cosa habitual. Con urgencia se buscan posibles “soluciones”, pero pocas veces vemos el esfuerzo de los estados centrados en la búsqueda de las causas. ¿Por qué? ¿Porque no les interesa salir mal parados? ¿El dicho de mejor prevenir que curar parece que no es productivo?

Los medios de comunicación masivos tuvieron un discurso único repetido hasta la saciedad. Hubo que rebuscar en internet la contra información y encontramos muchos artículos sobre la lamentable situación medio ambiental global y su influenza en la aparición de esta y de futuras “pandemias” y otros males, que también está ya aquí, en el presente, no hay que esperar la que los presagios de los científicos y ecologistas se cumplan. Son ya una realidad.

Hace tiempo que rompemos con la Naturaleza, el cambio climático es un hecho del que ya hace años que estamos viendo las primeras consecuencias, cada vez son más intensas y claras. La biodiversidad necesaria para la salud de la vida del planeta, y por lo tanto la nuestra, está en un estado alarmante con la desaparición diaria de millares de especies a consecuencia de nuestras acciones. El antropoceno, la nueva era. El planeta tiene límites. Romper el equilibrio tiene consecuencias.

En cuanto finalizó el cierre de la cuarentena la mayor parte de la gente lo que hicimos fue a salir al sol, a respirar aire limpio, a poner los pies en la tierra. En el agua del mar o del río. Salimos a hacer ejercicio, a caminar… nuestra salud necesita el contacto con la Naturaleza porque somos parte de ella, cuando nos falta es cuando la ponemos en valor.

Yendo al espacio local no podemos decir que en el Val Miñor podamos estar satisfechos con el respeto y cuidado del Medio Natural privilegiado donde vivimos.

En nuestros montes aún vemos las consecuencias de la última ola de incendios, aquella que nos dejó temblando por la fuerza de su destrozo. ¿Ya olvidamos? El monocultivo del eucalipto, las bioinvasiones, la búsqueda del beneficio económico, los megaproyectos que amenazan sus cumbres con la eterna búsqueda de capital –seguramente extranjero-, los intereses disfrazados de “verde” de energía alternativa y de “sostenibilidad”. ¿El beneficio va a ser para el vecindario, para los ayuntamientos?

Claro que es necesario la búsqueda de energías renovables y limpias pero no para repetir el mismo sistema, tendrá que ser de otro modo, con conciencia, participación, respeto al medio, con beneficios para lo local, público… Aprovechando el estado de alarma, la Xunta aprobó reactivar la tramitación administrativa de 975 proyectos que estaban paralizados, en algunos casos por las denuncias del vecindario y colectivos ecologistas, sin la previa evaluación ambiental necesaria (como es el caso de los parques eólicos de los montes de nuestra entorno).

Justo antes de que apareciese el Covid, en el mes de febrero, algunos colectivos nos movilizamos contra la deshecha de la tala masiva que arrasó hectáreas en Monteferro, fueron eucaliptos y acacias pero no con la finalidad de cambiar el modelo del monte o sembrar especies autóctonas sino de dejar rebrotar las especies invasoras y, con el dinero de la venta de esta madera, pagar la multa de una construcción ilegal que la Comunidad de Montes tiene que afrontar… Es pasmoso que se pague la comisión de una infracción urbanística cometiendo un destrozo medio ambiental ilegal ya que la zona está catalogada como Lugar de Especial Interese Paisajística protegido por las Normas Subsidiarias del Ayuntamiento.

¿Biodiversidad en el Val Miñor? Los montes más salientables de los tres ayuntamientos tienen colectivos organizando su defensa desde hace tiempo. ¿Bosques autóctonos? Es cierto que los incendios se dejaron brotar algunas carballeras, pero la política del monte no cambió, los montes siguen siendo vistos como fuentes de “riqueza económica”, “tienen que ser sostenibles”, ¿esto lo justifica todo? Olvidamos que hay otras riquezas que no tienen que ver con el dinero y son mucho más importantes para la vida.

La salud no se puede comprar, acabamos de comprobar que no somos tan fuertes como pensábamos.

En febrero la Plataforma por la defensa de A Foz do Miñor convocaba una reunión debido a la situación de este espacio, un estuario que desemboca en la marisma declarada como Zona de Especial Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Marisma que está cerrada al marisqueo por la contaminación de las aguas y en la que se sitúa un Camping que privatiza un espacio natural “protegido” por la Ley de espaldas, que debería ser de uso público. Después de años y de sentencias de derribo que nunca fueron cumplidas porque las leyes ya se sabe… Sigue funcionando, segundo dicen ya consiguió “legalizarse”. Millares de coches y visitantes en un movimiento continuo en los meses de verano hacen que ese espacio con tanta “protección legal” sea un destrozo ecológico. Si hubiésemos tenido otra conciencia y otra manera de mirar la Naturaleza que nos rodea veríamos en esto una aberración. ¿Es así como protegemos el hábitat de las aves? ¿Como defendemos la limpieza de las aguas? ¿Es así como debemos tratar nuestros espacios naturales “protegidos”?

¿Y nuestras playas? ¿Nuestros ríos? ¿Nos animamos a recoger los plásticos del mar? Ahora tenemos que sumarle las toneladas de máscaras, guantes de plástico…, de materiales no reciclables y que ya aparecen troceadas por el suelo. Recogemos la basura de los ríos en campañas anuales que están muy bien pero, ¿se resuelve de una vez el problema de los vertidos? Ya no hay pescados, nuestros abuelos recuerdan aún ir a pescar al río, recoger almejas en las playas, argazos… Ahora los argazos invasores que llegan de otras partes del mundo aniquilan nuestras especies y ecosistemas marinos. La recuperación del aire y de los ecosistemas durante el confinamiento fue asombrosa, pero el retroceso ya es visible al poco de retornar a nuestras actividades. Acaba de publicarse que en el pasado mes de mayo se consiguió un máximo histórico a nivel mundial de CO2 en la atmósfera.

¿El urbanismo? Estamos acostumbrados a pasear por nuestro litoral y ver las casas construidas sobre el mar. Hay calas de Monteferro y Monte Lourido que están llenadas literalmente de cemento, hay construcciones sobre la misma playa. Sí, la ley era otra, ¿pero mejoramos el modelo? Monteferro, la última península de la costa gallega con litoral aún verde tiene muchos ojos arriba para poderla urbanizar, poco a poco ya va quedando menos superficie de monte, solo basta ver las fotos de los últimos años.

¿Es así como queremos ver crecer nuestras villas? Construimos a mansalva con modelos arquitectónicos importados. ¿Protegemos nuestra identidad cultural y nuestro patrimonio? Eso sí, se plantan muchos olivos centenarios en los parques y rotondas, que provienen de otro destrozo ecológico pero esa está en otro lugar, no se ve.

¿Como seguimos? ¿Queremos volver a la normalidad que nos llevó a esta situación? La respuesta puede ser la clave para cambiar las cosas y recuperar nuestro sentimiento de pertenencia a la Naturaleza y la consciencia de la necesidad urgente de su cuidado. También podemos olvidar y mirar hacia otro lado, seguir pensando que ecología y progreso son ideas contrarias.

No podemos dejar la responsabilidad y nuestro futuro sólo en las manos de las instituciones, que la tienen sí, pero cada vecino y cada vecina deberíamos tomar conciencia de la propia responsabilidad individual y también del deber de exigirla a quién corresponda. Las elecciones autonómicas están a la vuelta. La ecología y el medio ambiente, siempre fueron los grandes olvidados en la legislación y en las políticas.

El futuro ya está aquí, podemos dejarlo correr, buscar excusas, no molestarnos, no mirar hacia los destrozos, seguir callados, ¡no aprender tampoco de esta vez!

O podemos intentar, cada quien desde lo suyo, cambiar este sistema.

Co-mando Ghichas Val Miñor

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