“Recordaré siempre ese grito”

En ese mismo instante, acompañaba a dos de las hijas de “Ladio”. Carmen y Ana, quienes sujetaban con fuerza una tablet conectada a un dron de la Guardia Civil que iniciaba el sobrevuelo de la esperanza en la zona. Tal hecho, transmitía optimismo en los allí presentes, las hijas muy nerviosas y un agente dándoles ánimo y tranquilidad; mientras ese pequeño aparato (dotado de visor y cámara térmica) empezó a levantar vuelo. Mirábamos al cielo siguiendo el zumbido de las minúsculas y veloces hélices del dron, cuando de imprevisto y sin que nadie contara, un grito a lo lejos: “APARECEU”.

Se paró el tiempo de cuajo, respiramos y todos nos hicimos internamente la misma pregunta, estará ben?.

Un coche dijo uno. Momentos de angustia, nervios, desorientación y sin saber muy bien para dónde tirar. Teléfonos a mil, ¿dónde está? Sirenas, luces y uniformes de distintos colores cambian sus coordenadas y reubican sus destinos en una zona. Desconocemos quién dio la voz de aviso, cómo llegó la noticia a nosotros y por quién, mientras la experiencia me dice “calma”.

¿Quién lo tiene? ¿Dónde está? ¿Quién dio el aviso y por dónde?

Chamorro el concejal me dice “lo tiene José”. ¿Qué José?, Caride. Lo llamo por teléfono, no me coge a la primera y lo vuelvo a llamar “agora si”. Lo primero que me espeta el tipo es: “queee…, está aquí conmigo e está beeen, tranquilos xa está”. Vale, vale, non colgues e vainos guiando, nós estamos en Pegonegro e ti?. “En Tumbio pola outra parte do río…, tranquilos está ben”.

La familia respira, nosotros respiramos y las miradas entre los voluntarios y Fuerzas de Seguridad, no es otra que de complicidad y orgullo, no era para menos.

Mientras Caride (como muchos conocemos a José) seguía al teléfono en manos libres e indicaba hacia dónde dirigirnos. Llegamos al lugar en minutos, entre “carreiros” sólo accesibles a pie. Brais, que se había adelantado y los había localizado ya, nos viene a buscar y nos indica el camino, de repente, de frente y a lo lejos entre la vegetación vemos a dos hombres agarrados hablando tranquilamente como si nada hubiera pasado, la cara de Hilario era de sorpresa por el tumulto, para desaparecer entre los abrazos de las hijas que lo comían a besos. Nunca olvidaré esa cara de emoción, de perplejidad, de sorpresa…, seguramente debido a la escena e incomprensible para él; sus lágrimas espontáneas y el brillo de sus ojos, fueron sin lugar a dudas, su manera más sincera y humana de decirnos a todos gracias…

Paco Ferreira – Alcalde de Gondomar

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José Quintas Caride, o veciño de Vilaza que atopou a Hilario, xunto co alcalde, Paco Ferreira.