Los curros deberán celebrarse pero sin público

Unas de las celebraciones de mayor tradición y antigüedad de Galicia, los “curros” o “Rapa das Bestas”, podrían ver peligrar su celebración este año debido a la crisis sanitaria: aplazadas con seguridad y sin público, con ello se trabaja ahora mismo.

En el Val Miñor se celebran tres, el de Morgadáns en Prado, el de San Cibrán y por último el de O Galiñeiro, todos ellos dentro del municipio de Gondomar entre los meses de junio y julio. Modesto Domínguez, de la Asociación de Ganaderos de Caballos del Monte de A Groba, participa en la organización del de San Cibrán y de varios en la comarca del Baixo Miño. Aclaró que la legislación enmarcada en el Real Decreto no deja lugar a equívocos. “No se pueden celebrar de ninguna de las maneras hasta que se produzca el levantamiento”, aseveró. Pese a todo, Domínguez mantiene que lejos de las connotaciones festivas que las “rapas” fueron adquiriendo con el paso de los años estas cumplen una finalidad de control. Además del corte de las crines también se procede a un marcaje de los ejemplares salvajes para mantener una contabilidad de la población y a quienes pertenecen, pero existe otro motivo no tan conocido pero mucho más importante en sí y que tiene que ver con la cobertura de las pólizas de seguros en caso de un incidente, en este caso en la oreja. “Si no las marcamos las aseguradoras no las cubren y no podemos correr ese riesgo”, afirmó.

Por el momento Domínguez asegura casi con total certeza que se tendrán que llevar a cabo metidos de lleno en el verano y se contempla realizarlas sin público para evitar la aglomeración de personas, “pero tendremos que esperar a ver cómo evolucionan las indicaciones de las autoridades”. Pese a que el caballo autóctono vive de manera completamente salvaje, en el monte y en manada, todos tienen propietario. Los comuneros realizan un control periódico sobre ellos sobre todo en el momento que las yeguas paren. “Muchas veces dan a luz en las laderas de los montes y si no trasladamos a las crías a un suelo regular estas no serían capaces de levantarse y acaban muriendo”, aclaró. La de San Cibrán es de las más pequeñas de la zona, todos los años concentran menos de un centenar de équidos que se lleva a cabo en una superficie abierta de terreno que ronda las 8 o 10 hectáreas de extensión de monte comunal donde se encuentra el “curro” o cerco, “pero es algo que tenemos que seguir haciendo mientras haya caballos”.