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Chandebrito comienza a recuperar su esplendor

El monte más castigado por los incendios del 15 de octubre de 2017 en el Val Miñor está siendo objeto de una nueva iniciativa repoblacional que en esta ocasión corre por cuenta de Adena, la Comunidad de Montes y el Concello de Nigrán. En total 1.650 ejemplares entre los que figuran especies como el roble, castaños, nogales, alisos, arraclanes, madroños y endrinos que se extenderán a lo largo de tres hectáreas de terreno en la zona de As Ventaniñas, a escasa distancia del colegio Estudio. Así pues los trabajos, que están llevando a cabo a través de dos empresas de jardinería locales contratadas por la ONG, comenzaron a principios de semana y finalizarán el próximo martes.

La iniciativa dará como resultado una densidad arbórea de 600 unidades por hectárea plantadas en hoyos de 60x60x60 cm y a cuatro metros unos de otros. El presidente de la Mancomunidad de Montes de Chandebrito, Víctor Vidal, explicó que las actuaciones se llevaron a cabo en varias fases sobre el terreno pero la primera y la más importante de ellas fue sobre el papel. Tuvieron que esperar a obtener luz verde por parte de la Xunta, en concreto de la Consellería de Cultura, al existir elementos patrimoniales relativamente cerca de la zona de actuación, además de un proyecto arqueológico a la Dirección Xeral de Patrimonio que garantizase su integridad. Una vez autorizados se sirvieron de una retroexcavadora y de diversa maquinaria para preparar la zona al existir ejemplares quemados e inservibles y que fueron cortados, triturados y retirados para posteriormente allanar el terreno. Dichas actuaciones contaron con una subvención de la Xunta de 15.000 euros, de los cuales ya invirtieron 8.000.

Una vez en este punto la pala se encargó de hacer los agujeros con las dimensiones requeridas y aquí entran en juego los grandes desconocidos y que quizás fueron los que llevaron la peor parte, ya que el proyecto especificaba que la plantación de arbustos se tenía que llevar a cabo de manera manual. Este diario tuvo la ocasión de hablar directamente con los cuatro jardineros, Nacho, Andrés, Iván y Jose, encargados de asentar a los arbustos en sus nuevos emplazamientos con azada o “sacho” en mano.

Deben de trabajar apresuradamente para cumplir con los plazos ya que los arbustos tienen que “cuajar” antes de que llegue el verano “sino morirán al no tener agua”. Para asegurarse de que no les falte riego plantan los brotes ligeramente por debajo del nivel del suelo y de esta forma facilitan su acumulación alrededor del tronco. “La tierra está mezclada con ceniza, el agua resbala y no la empapa”, aclararon. Prueba de ello es que uno de los trabajadores hizo un boquete en una zona ligeramente elevada y por debajo de la capa superficial la zona compacta dio paso a otra de textura polvorosa.

Héroes anónimos que trabajan a pie de campo

Todos ellos son vecinos de la comarca y vivieron en primera persona los desastres producidos por el fuego en los montes miñoranos, dos de ellos incluso se vieron rodeados por el fuego y se salvaron de milagro. “Fue el conductor del Bulldocer el que nos salvó la vida, porque estábamos apagando el fuego en la zona de Prado, Gondomar, y cuando nos dimos cuenta teníamos las llamas detrás. La decisión del conductor, que se tiró monte abajo a lo que daba la máquina, nos devolvió la vida al abrir un camino por el que pudimos salir”, explicaron.

Precisamente sus experiencias son las que los vinculan aún más con fuerza a la naturaleza y hacen que ni las granizadas caídas en los últimos días, ni el viento, ni la lluvia, sean quienes de amedrentarlos cumpliendo religiosamente sus jornadas laborales, que en ocasiones llegan a las 10 horas diarias. Trabajan prácticamente de sol a sol y por delante aún les queda un largo trabajo hasta completar la reforestación de 1.650 árboles, de los cuales 500 fueron donados por el Concello.

Cuando les preguntan cómo es posible que el monte luzca tan verde después de la catástrofe sufrida en 2017, responden con sorna que Galicia es así. “El clima tan húmedo combinado con periodos de sol son los que facilitan la regeneración de las especies vegetales”, explicaron. Aun así advierten que las condiciones están cambiando y que “tenemos muchas papeletas” de que en un plazo de 30 años estemos como en Andalucía, porque “el calentamiento global existe, es un hecho”.