El gurú de la carne de buey en el Val Miñor tiene nombre y apellidos. Argentino Alborés Cima es un vecino de la parroquia nigranesa de Parada, es el único de la comarca en su especie y lleva casi diez años dedicándose a la cría de este rumiante en su propia casa. La experiencia que adquirió durante los años que trabajó en una sala de despiece, le llevó a forjar un proyecto que consistía en la apertura de una carnicería para vender allí carne de su “cosecha”. Finalmente su idea se interrumpió cuando comenzó a trabajar en una empresa de automoción aunque ya tenía construidas y acondicionadas las cuadras. Actualmente compagina su empleo con la cría de buey para la venta, además de otro tipo de animales para autoconsumo.
En su pequeña granja de Nigrán tiene dos ejemplares del vacuno de pura raza gallega que rondan los 1.400 kilos cada uno y cuya adjudicación ya está cerrada. “Si se tiene en cuenta que una vaca lechera no llega a los 500 kilos, la diferencia de tamaño es descomunal”, matizó el criador. Por otra parte también aclaró que una vez que la carne esté lista para ir a los establecimientos de venta su peso final se reducirá a la mitad, y que para ser apta para el consumo necesita un mínimo de 60 días de maceración en cámara de frío.
A principios del mes que viene, y después de pasar por el matadero de Xinzo, cruzarán el Miño para acabar en una carnicería de Valença propiedad de su buen amigo Ricardo González Moreira. Teniendo en cuenta el elevado valor de mercado que posee esta preciada carne, cuyos chuleteros llegan con facilidad a rondar los 100 euros por kilo y de cada uno salen 70 u 80 piezas, se podría pensar en grandes beneficios pero Alborés explicó que no sale demasiado rentable, “si no dispones de la maquinaria y cosecha para alimentarlos de manera natural”, ya que como aseguró «el proceso es lento y los gastos pueden llegar a ser elevados». Asimismo hay que tener en cuenta que su valor de venta es inferior al de mercado. Su dieta se basa diariamente en 20 kilos de forraje verde y seco, agua corriente además de 10 kilos de harina de maíz por cabeza. De vez en cuando le mezcla cebada natural “para que el animal no se aburra de comer siempre lo mismo”, explicó.
Dispone de todo lo necesario, el cereal lo planta en sus fincas y la hierba proviene también de los campos que recoge con su tractor, para procesar la materia prima dispone de un molino eléctrico y de una empacadora en donde comprime la paja para su almacenaje, que también sirve para hacer la cama de unos animales a los que no les falta de nada. “Un saco de 40 kilos de maíz vale sobre 10 euros y de ahí comen dos días, pero si sumas todo los demás y lo multiplicas por tres años, el beneficio se reduciría muchísimo”, mantuvo. Pese a que prefirió no desvelar su precio de venta, la venta de ejemplares de estas características pueden superar los 7.000 euros. “De estos cobraré parte en dinero, en dos nuevas crías y algo de carne para mí. Prefiero no hablar de cifras por discreción”, añadió. Los ejemplares que adquiere en el país vecino tienen tres años de edad y rondan los 2.500 euros, pero tardan otros tres en estar listos para salir al mercado. A todo ello habría que sumarle las visitas periódicas de los veterinarios, además de dos desparasitaciones por año y las inspecciones de la Xunta. Este punto es de vital importancia ya que son ellos quienes le otorgan la autorización necesaria para su venta, llamada carta verde.

