Este sábado se inauguró el último mosaico de Carmen Souto Vidal, vecina de Vilariño que cuenta en su jardín con más de 50 metros cuadrados de paredes decoradas a base de paciencia e improvisación, trozos de azulejos, martillo y tenaza, mucha intuición y miles de horas a sus espaldas. El pasado año realizó el primero que se encuentra en la parte exterior del muro que rodea su casa, en recuerdo de los Padres Franciscanos.
Junto a este, y tras un año de trabajo, ya podemos contemplar un nuevo mosaico de más de 10 metros cuadrados dedicado en esta ocasión a la centenaria Parranda de San Pedro, en su recorrido anual desde A Ramallosa a Morgadáns, con los típicos tractores, los camiones con las viandas, y hasta la charanga. No faltan San Roque y su capilla.
Precisamente en la víspera de su festividad, este sábado, se acercó al lugar el párroco de San Benito en Gondomar, Víctor Bargiela, para bendecirlo. También acudió el alcalde de Nigrán, Juan González, además de miembros de la Parranda de San Pedro, encabezados por su presidente Evaristo Villar, familiares, vecinos y amigos, a los que al finalizar invitó a una pequeña merienda.
Como fundadora junto a su marido de una empresa de construcción, el acopio de cerámicas vidriadas era tarea sencilla y durante años almacenó muestras que hoy sigue utilizando ya jubilada. El resultado, una auténtica obra de arte que llena de colorido su jardín y no hay un solo día, más de 10 años después, que no se siente delante de sus creaciones para darles una vuelta.
Están las tres carabelas, un mapa de España, el tranvía Ramallosa-Gondomar, el puente románico, el pazo de Mendoza, la Isla de Tali, hórreos gallegos y asturianos, todo tipo de animales incluso elefantes, flores, gaiteiros, hasta el coronavirus en dos de sus versiones, los nombres de todos sus nietos, la iglesia de Santa Cristina de A Ramallosa, la Virgen del Carmen, un pequeño pueblo ambientado en Lugo, aviones, el arco iris o la luna.
La técnica de Carmelita está muy depurada, pero no por eso da menos trabajo. Primero rompe los azulejos de distintos colores y luego sobre una planchuela elige los fragmentos que mejor le encajen en función del motivo. Si no encajan los aproxima cortándolos con unas tenazas, hace una mezcla de cemento cola y los fija con un leve toque de martillo. Una vez que tiene un trozo completo cubre las uniones con una lechada de rejuntado como relleno. Para que no se manchen los trozos los limpia cuidadosamente uno por uno con un paño. En las zonas en donde un mismo color prima utiliza tintes para teñir la masilla y de esta forma le da más uniformidad.








