Baiona homenajea a Eumelio y Josefa por toda una vida dedicada al mar

Con motivo de la celebración de la festividad de la Virgen del Carmen, la Cofradía de Pescadores “La Anunciada” de Baiona reconocerá el domingo día 12 de julio al marinero de más edad y a la mariscadora más veterana del municipio, que, en esta ocasión, serán Eumelio Goce Marcote y Josefa González Álvarez. El homenaje será al finalizar la Misa de Campaña en honor a la Virgen del Carmen que se celebrará a las 17:00 horas en la zona portuaria cantada por el Coro de Hombres “Voces Baionesas”. Después, los miembros de la Danza de las Espadas acompañados por la charanga Nova Cubana les dedicarán a ambos el tradicional baile, y a continuación tendrá lugar la Procesión Marítima.

EUMELIO GOCE MARCOTE

Eumelio Goce Marcote nace en Baiona el 24 de junio de 1936, hijo de José Ramón “Carrero” y de Liberata “A Xurela”, en una familia humilde. Fue el décimo de trece hermanos: Dolores, Eulogio José “Piñote”, Agustín “Tanano”, Jesús “O Rato”, Manuel, Alejandro, María Celia, María del Carmen, Aurora, María del Carmen, Joaquín y Roque.

Una familia grande, de las de antes, donde el trabajo, el esfuerzo y el respeto se aprendían desde pequeño. Pero también una familia marcada por la necesidad… porque siendo aún muy niño, falleció su padre. Y así con solo nueve años, tuvo que empezar a trabajar para ayudar a sacar la casa adelante.

A los nueve años se hizo a la mar. Y fue precisamente en el Motor de Cadilla, cuando estaba de patrón el señor Pepe, (conocido como Pepe o Cadilla). Años después, sería su propio hermano, Piñote, quien ocuparía ese mismo puesto de patrón en el mismo barco. Eran otros tiempos… porque por aquel entonces, en Baiona había más de cuarenta barcos pescando a la ardora, y todos eran gente de Baiona, vecinos, familias enteras luchando juntas.

El mar era vida, trabajo y futuro para muchas casas, y él empezó a formar parte de ese mundo desde niño. Desde tan pequeño, el mar pasó a formar parte de su vida, de su carácter y de todo lo que vino después. La vida de Eumelio no se mide en años. Se mide en barcos, en madrugadas, en mareas, en viajes de ida y vuelta; en el sonido del mar… y en nombres escritos en la proa.

Su trayectoria es también la historia de los barcos en los que dejó su trabajo y su esfuerzo: primero en el Motor de Cadilla, al cerco; después en el Primavera, a la ardora; más tarde en el Almuiña, donde estuvo 12 años a la volanta; luego en el Pinzón, otros 12 años también a la volanta; continuó en el Mareta al palangre; y después siguió navegando en otros barcos a diversas artes de pesca. Terminó su vida en la mar en el José Ángel, donde se jubiló, trabajando igualmente a la volanta.

En esos años, en el Pinzón, también hubo momentos que nunca se olvidan. En una ocasión, estando de guardia con su hermano Tanano, dieron el aviso de que el barco iba a varar en el “Picacho”. Se hizo lo que se pudo, pero no dio tiempo a maniobrar…. y el barco dejó atrás cuatro o cinco metros de quilla.

En el Almuiña también vivió uno de esos momentos que ponen a prueba a cualquiera. Estaba en el puente, de guardia, junto con Traila, navegando por el estrecho rumbo a Ceuta y Algeciras para repostar víveres, cuando se encontraron con una niebla muy espesa. La visibilidad era mínima… Fue entonces cuando Traila, que era mudo, dio el aviso. Pero, aun así, el barco acabó tocando en un bajo cerca de Ceuta. El golpe fue serio. Dejaron allí catorce metros de quilla. En el astillero les dijeron que aquel era un barco muy duro…. y así lo demostraron: lo repararon… y volvieron a salir a la mar. Porque así era su vida. Caer, levantarse… y siempre seguir.

En momentos así, duros de verdad, la Virgen del Carmen estaba presente en sus pensamientos, como lo está en el de tantos marineros cuando el mar se pone difícil. Historias duras, de las que marcan, y que solo quien ha vivido el mar de verdad entiende. Cada barco fue una etapa. Cada uno tuvo días buenos y días difíciles. Días de calma… y días en los que el mar exigía respeto.

Eumelio salió a faenar cuando tocaba salir; con frío o con sol, con lluvia o con buen tiempo, sin preguntar si era fácil o complicado. Volvió cansado muchas veces, pero siempre regresó con la tranquilidad de haber hecho bien su trabajo. Y en medio de toda esa vida de mar, también construyó su familia. Se casa con María Isabel Garrido Pousa, en 1974, hija de una familia marinera de Baiona, con la que tuvo dos hijos, José Ramón y Francisco Javier, que a su vez le dieron tres nietos: Ismael, Leticia y Mauro.

De Eumelio se aprenden cosas que no se enseñan en ningún libro: que la palabra de un marinero vale, que los compañeros son una segunda familia, y que la familia… siempre es el puerto al que se vuelve. Pertenece a una generación que trabajó duro, sin hacer ruido, que no buscaba aplausos, pero que dejó ejemplo.

JOSEFA GONZÁLEZ ÁLVAREZ

Jose González Álvarez nació en San Pedro de A Ramallosa, en A Foz, el día 8 de agosto de 1938, hija de Manuel y Dorinda, en el seno de una familia humilde y trabajadora. Su padre compaginaba el trabajo en el campo con la mar, embarcado en un barco de Baiona, y desde muy pequeña aprendió el valor del esfuerzo, acompañando junto a su hermano el camino hasta Baiona para llevarle la comida cada día.

Creció junto a sus hermanos Fermín, Manolo, Ángel y Jesusa, en unos años en los que la vida no era fácil, pero en los que aprendió valores que le acompañarían siempre: el sacrificio, el trabajo y el cariño hacia la familia. Con tan solo diez años comenzó a trabajar en Vigo como asistenta. También trabajó en el Hotel Miramar y, más tarde, como costurera en Vigo Bazar y en Presman, donde aprendió el oficio de confeccionar pantalones gracias a su compañera Olinda, a quien siempre recuerda con cariño.

Fue tiempo después cuando descubrió una de las grandes pasiones de su vida: el marisqueo. De la mano de Lucita y Mari Carmen comenzó a mariscar en A Foz, un trabajo duro pero que desempeñó siempre con ilusión y entrega. Durante años compaginó el mar con un quiosco que regentaba en verano, demostrando una vez más su capacidad de trabajo y sacrificio.

Formó una hermosa familia y tuvo cuatro hijos: Dori, José, Bernardo y Dolores. La vida también le enseñó a afrontar momentos difíciles, pero siempre encontró fuerza en el amor de los suyos en el apoyo de su familia, especialmente de su hermana Jesusa, quien cuidó con cariño de sus hijos mientras ella trabajaba.

Mariscó durante muchos años en A Foz y hasta la desembocadura de A Ladeira, dedicándose a la captura de almeja fina, almeja babosa y otras especies que tan bien conocía. Siempre recordó el mar como un lugar de trabajo, pero también de amistad y compañerismo.

Sus compañeras de marisqueo ocuparon un lugar muy importante en su vida. Las puertas de su casa, situada a pie de A Foz, siempre estuvieron abiertas para guardar azadas, rastrillos y aparejos. Y cuando llegaba el final de la campaña, las meriendas compartidas, las empanadas, las tortillas y la tradicional queimada se convertían en momentos inolvidables de alegría y amistad.

Josefa se jubiló a los 65 años, pero nunca dejó de echar de menos el mar. Lo que más añora de aquella etapa son, sin duda, sus compañeras y todos los momentos compartidos con ellas.

Hoy disfruta del cariño de sus hijos, nietos y bisnietos: Abraham, Iria, Samuel, Sarai, Brais y Desi; y de sus bisnietos Donis, Eider, Lian, Irene, Marco y Ángel. Continúa siendo una mujer activa, disfrutando del centro de día, de su finca y del cariño de su familia, especialmente de sus hijas Dolores y Dori, que le acompañan cada día.

Josefa representa a una generación de mujeres valientes, luchadoras y trabajadoras, mujeres del mar que, con su esfuerzo y sacrificio, contribuyeron a construir la historia de la villa.