La “perla” arqueológica de Nigrán, el mosaico romano de Panxón, ya luce en su ubicación definitiva: la premiada Biblioteca Municipal, en la céntrica Plaza de Fornes. Anteriormente, desde su llegada el 18 de enero y hasta finales de abril, estuvo expuesto en el Salón de Plenos del Concello acompañado de una muestra al respecto. Atrás queda una epopeya que comenzó en enero de 2022 en la galería Carlton Hobbs de New York, donde fue localizado tras veinte años sin pista alguna de este tesoro del siglo III d.C. Desde esa otra ribera del Atlántico embarcó hacia el Reino Unido, donde estuvo más de un año paralizado por la burocracia extra del Brexit y, al fin, llegó el pasado mes de noviembre a la Galería Colnaghi (Madrid) y luego a Nigrán. El mosaico, de un metro cuadrado y embutido en una mesa, se conserva intacto y representa magistralmente la fauna marina mediante coloridas teselas de mármol, destacado un colosal pescado de 67 cm (un mújol) y una almeja abierta, un tema único en los hallados de toda el área metropolitana.
“Nuestra gran joya patrimonial descansa ya en su destino final, la Biblioteca Municipal, un edificio a la altura de esta pieza”, considera el alcalde, Juan González, en referencia a los múltiples premios alcanzados por este edificio inaugurado en 2022. Allí, en la planta baja (la que conecta directamente con la Plaza de Fornes) está ya el mosaico, en un espacio acondicionado con videocámaras de vigilancia y medidas extraordinarias. De este modo, estará siempre visible al público en el horario habitual de la Biblioteca (en verano de 9:00 a 15:00 horas y sábados de 10:00 a 14:00 horas) y durante lo que queda de agosto y todo septiembre también de 18:00 a 21:00 horas gracias a la contratación especial de la vigilancia y atención a una persona usuaria del Juan María Empleo, quienes también se ocuparon de esto mismo cuando estuvo en el Salón de Plenos.
Al famoso mosaico se le perdió la pista después de una subasta en el año 2000 en la Galería Castellana de Madrid, hasta que en el año 2018 se localiza en el catálogo de la casa Carlton Hobbs de New York. Desde ese instante, el Concello de Nigrán puso en marcha el engranaje para recuperarlo y, ya desde 2019, fue también de la mano de Gonzalo Fernández-Turégano, oriundo de A Ramallosa y quien constituye la Asociación para la Repatriación del Mosaico Romano de Panxón con el fin de agilizar los trámites. Así, el Concello de Nigrán aportó a esta entidad 40.000 € de los 58.000 € que costó la pieza, con la condición indispensable de que pasara a formar parte del patrimonio municipal y, como tal, se expusiera en un espacio público de la localidad como es la Biblioteca. “El valor histórico es incalculable, es ya un emblema para nuestro municipio. Haberlo recuperado es un logro importantísimo”, considera el regidor.
Este mosaico fue documentado al por menor en los años 70 por el prestigioso arqueólogo Fernando Acuña Castroviejo, quien en su artículo “De nuevo sobre el Mosaico de Panxón y otras nuevas sobre la Musivaria en la Gallaecia” relata su importancia y sus vicisitudes. Así, según él mismo expone, gracias a manuscritos del siglo XIX entregados por Xosé María Álvarez Blázquez, se sabe que la pieza apareció “en el sitio llamado el Castro” de Panxón perteneciendo primeramente a “Dª Umbelina González Lavandeira, viuda del Sr. De Puga”, quien lo tenía “en su casa de campo de la parroquia de S. Juan de Panjón” (los historiadores coinciden en que en esta zona existía una importante villa en el Bajo Imperio Romano, ya que también aparecieron ánforas, monedas, un ara a Mercurio…). En principio, el fragmento de mosaico encontrado era más grande, pero como lo tenían por la finca tirado, fueron rompiéndosele partes, por lo que finalmente los dueños optaron por usarlo para hacer una mesa. El escrito del s. XIX dice así: “… está sirviendo de cubierta de una mesa con el objeto de que no se estropease porque según me dijeron era mayor y como estuviese tirado lo iban destrozando, y para evitar su total desaparición han hecho aquella dándole la forma de cajón embutiendo en ella el mosaico siendo este de un metro cuadrado y 20 cm de espesor…”.
Hacia finales del siglo XIX el mosaico (es decir, la mesa con el mosaico) pasa a formar parte de la colección Blanco-Cicerón (mediante compra), donde parece que se conserva durante todo el siglo XX. En el año 2000 aparece para ser subastado en la Galería Castellana de Madrid: lote nº 664 “mesa con mosaico romano”, desapareciendo hasta el año 2018, cuando reaparece en el catálogo de la casa Carlton Hobbs y comienza su epopeya de regreso a casa.

