El mosaico romano de Panxón descansa ya en el Concello de Nigrán después de un periplo de más de 14.112 km y 6 años de trámites. La pieza, del s. III d.C. y encontrada a la venta en el 2018 en un anticuario de New York, llegó ayer al atardecer a Nigrán y fue desembalada este mediodía en el Auditorio Municipal ante los medios de comunicación antes de exponerse al público a partir del viernes 7 de febrero y durante dos meses en un Salón de Plenos musealizado al respecto. A partir de ahí, la Biblioteca Municipal será su hogar definitivo.
“Estamos ante un hito cultural sin precedentes en el municipio y cuya relevancia traspasa fronteras, esta pieza forma parte ya para siempre de nuestro patrimonio más valioso y más sagrado”, considera el alcalde, Juan González, sobre este pavimento propiedad del Concello desde el sábado 18 de enero, cuando se firmó su cesión en la galería Colnaghi de Madrid. Atrás quedaron 20 años de exilio. “Queremos que los vecinos y los visitantes lo puedan ver en un espacio donde se contextualice la importancia de la pieza y con las máximas medidas de seguridad, por eso su exposición pública se demorará todavía dos semanas”, explica González sobre la musealización que está llevando a cabo Árbore Arqueoloxía, cuyo portavoz, Benito Vilas, que estuvo presente en el acto de apertura de hoy y valoró su estado de conservación. “Impresiona aún más que en las fotos el grado de detalle de la pieza, sin entrar en rankings, es de lo mejor que tenemos en Galicia”, consideró ante los medios.
La epopeya del mosaico comenzó en enero de 2022 en la galería Carlton Hobbs de New York, cuando embarcó hacia su sucursal en Londres, donde permaneció más de un año paralizado por la burocracia extra del Brexit y, al fin, llegara a Madrid el pasado 28 de noviembre. Allí, en la céntrica galería Colnaghi, entre Sorollas, Zuloagas y un Caravaggio, permaneció expuesto hasta que este miércoles emprendiera su retorno definitivo en dos cajas (por un lado, la mesa, y por otro el tablero de 125 kg, es decir, el mosaico) hacia su hogar, Nigrán.
“Vivimos días de inmensa felicidad en Nigrán al haberlo recuperado. El valor histórico es incalculable, pasará a ser un emblema con el que se identifique en toda España nuestro municipio”, considera González sobre esta joya a la que se le había perdido la pista después de una subasta pública en el año 2000 en la Galería Castellana de Madrid y que reapareció en el año 2018 a la venta en el catálogo de la casa Carlton Hobbs de New York. Desde ese instante, el Concello de Nigrán puso en marcha el engranaje para recuperarlo y, a partir de 2019, de la mano de Gonzalo Fernández-Turégano, oriundo de A Ramallosa (Nigrán) y quien constituyó la Asociación para la Repatriación del Mosaico Romano de Panxón con el fin de agilizar los trámites. Así, el Concello de Nigrán aportó a esta entidad 40.000 € de los 58.000 € que costó su compra con la condición indispensable de que pasara a formar parte del patrimonio municipal y, como tal, se expusiera en un espacio público de la localidad.
La pieza, en trámites de ser declarada BIC y de un metro cuadrado embutida en una mesa hecha en el siglo XIX al efecto de preservarla, es el único fragmento que se conserva de un mosaico que se sabe mucho mayor. Este trozo se conserva intacto y representa magistralmente mediante coloridas teselas de mármol la fauna marina, destacado un colosal pescado de 67 cm (un mújel) y una pareja de almejas, un tema único en los hallados de toda el área metropolitana.
Formaba parte de una villa romana
Este mosaico fue documentado al por menor en los años 70 por el prestigioso arqueólogo Fernando Acuña Castroviejo, quien en su artículo “De nuevo sobre el Mosaico de Panxón y otras noticias sobre la Musivaria en la Gallaecia” relata su importancia y sus vicisitudes. Así, según él mismo expone, gracias a manuscritos del siglo XIX entregados por Xosé María Álvarez Blázquez, se sabe que la pieza apareció “en el sitio llamado el Castro” de Panxón perteneciendo primeramente a “Dª Umbelina González Lavandeira, viuda del Sr. De Puga”, quien lo tenía “en su casa de campo de la parroquia de S. Juan de Panjón” (los historiadores coinciden en que en esta zona existía una importante villa en el Bajo Imperio Romano, ya que también aparecieron ánforas, monedas, un ara a Mercurio…). En principio, el fragmento era más grande, pero como lo tenían por la finca tirado, fueron rompiéndosele partes, por lo que los dueños optaron por usarlo para hacer una mesa. El escrito del s. XIX dice así: “… está sirviendo de cubierta de una mesa con el objeto de que no se estropease porque según me dijeron era mayor y como estuviese tirado lo iban destrozando, y para evitar su total desaparición han hecho aquella dándole la forma de cajón embutiendo en ella el mosaico siendo este de un metro cuadrado y 20 cm de espesor…”.
Hacia finales del siglo XIX el mosaico (es decir, la mesa con el mosaico) pasa a formar parte de la colección Blanco-Cicerón (mediante compra), donde parece que se conserva durante todo el siglo XX. En el año 2000 aparece para ser subastado en la Galería Castellana de Madrid: lote nº 664 “mesa con mosaico romano”, desapareciendo hasta el año 2018, cuando reaparece a la venta en el catálogo de la casa Carlton Hobbs y comienza su epopeya de regreso a casa que ahora llega a su ansiado fin.

