El GES del Val Miñor, bajo mínimos, cierra 2021 con más de 2.500 intervenciones

La situación en la que se encuentra el Grupo de Emergencias Supramunicipal, GES, no puede ser más precaria. Con tres bajas de larga duración, la plantilla de trabajadores quedó reducida a nueve bomberos, ahora con la sexta ola pegando más fuerte que nunca sumaron otras tres y hasta la primera quincena de enero se ven en la obligación que afrontar su día a día con media docena de efectivos, uno por turno, y un trabajo reducido a labores de coordinación. Pese a que están ultimando el balance de intervenciones de 2021, estiman que el volumen fue muy similar al de 2020 con más de 2.500 intervenciones de lo más variado teniendo en cuenta que en la actualidad se encuentran literalmente parados. La rutina actual se limita a atender incidencias telefónicas y una vez gestionadas pasan los avisos a sus compañeros de Vigo, Baixo Miño, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad o 112. Y es que una bolsa de trabajo inoperativa y sin actualizar desde 2013 les impide cubrir las bajas.

Aunque lo primero que se viene a la cabeza son operativos relacionados con incendios, lo cierto es que este tipo de actuaciones conforman una mínima parte del total que no llegan a superar los 150. “No todo es apagar fuegos ni tampoco intervenciones en accidentes de tráfico”, explica el coordinador Darío Varela desde las oficinas de la sede ubicada en rúa Paradellas. Abundan tareas preventivas de limpieza de viales, por inundaciones, incidencias derivadas de los temporales que afectan a los tendidos eléctricos o roturas de árboles, entre otras. En este sentido los incendios de 2017 no se lo está poniendo fácil al GES. Cada vez que las condiciones climatológicas se endurecen su trabajo se multiplica por 10 porque en zonas rurales los pinos o eucaliptos secos todavía se pueden contar por cientos. “En la última guardia que tuve hace seis días se levantó un poquito de viento y fuimos a cortar cuatro o cinco árboles. Cuando Sabarís o Gondomar se inunda podemos recibir más de 200 llamadas en un día”, aclara.

En los próximos días cuentan con la incorporación de uno de los efectivos que en la actualidad está de baja pero las cosas apenas cambiarán porque para poder operar con un mínimo de seguridad necesitan salir por binomios aunque lo ideal sería por tríos. Tras haber cumplido un cuarto de siglo en activo superando varias etapas, denominaciones o sistemas de trabajo, lo cierto es que el GES Val Miñor está pasando por una de las peores etapas jamás recordadas desde la puesta en marcha del cuerpo y que arrancó con una plantilla de 15 personas.

Una dinámica reducida a cuatro camiones para un bombero

La rutina de los bomberos del Val Miñor se puede resumir con la frase “una persona para cuatro camiones”. Independientemente de su antigüedad o su estado de conservación, los medios materiales de los que dispone el grupo comarcal superan exponencialmente a las condiciones laborales establecidas aunque por el momento no se teme por cierre puntual de la sede tal y como ocurrió en octubre. “Cuando me preguntan que es lo que necesitamos, mi respuesta siempre es la misma: nos hace falta personal”, incide. Con todo, Darío Varela confía en que la situación mejore en 2022 y está a la espera de recibir noticias acerca del nuevo convenio y de las negociaciones entre la Xunta y Diputación.

Varela considera que el GES debería de incluirse dentro del Consorcio Provincial de Extinción de Incendios de manera que toda la infraestructura estuviese coordinada desde una matriz. “De esta manera se podrían mover los medios de una sola vez y en función de las necesidades de cada casuística”, remata.