El Belén de Gondomar que atrae visitantes de toda España

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // A paixón de Fernando, albanel de profesión, remóntase á década dos 80. Con orgullo sinala unha das súas primeiras reproducións, unha caseta onde un ferreiro traballa o metal.

La habilidad que Fernando Fernández Penedo ha demostrado todos estos años a la hora de fabricar sus propios Belenes bien merece un reconocimiento. Lo cierto es que a este baionés el talento le viene de lejos, su abuelo, el nigranés Ángel Fernández González, es muy conocido por su obra, entre ellas el monolito de la Arribada que luce en la Plaza Pedro de Castro. Y aunque su nieto hubiese cambiado la piedra por la madera el resultado se traduce en maquetas colosales que son auténticas obras de arte hasta el punto de que fue capaz de resumir la historia de la Biblia en 50 metros cuadrados. Cuenta con prácticamente todos los pases: el Empadronamiento, el Palacio de Herodes, el niño en el templo, el Desposorio de la Virgen María, el Sueño de San José, la Anunciación a los pastores y a María, la Posada, el Pesebre y la Huida a Egipto.

Su obra, que estará expuesta en la Casa de la Cultura de Gondomar hasta el 9 de enero en horario de mañana y tarde ha recibido visitas de Talavera de la Reina, de Cáceres o de Burgos y no ha recibido ni una sola crítica del conjunto lo que da buena fe de su éxito. El artesano con carta, un reconocimiento que concede la Xunta en reconocimiento a una habilidad sobresaliente, calcula que durante los días festivos del puente de la Constitución recibió a una media de 500 personas diarias. “Aquí dentro entran sobre 20 personas a la vez y la rotación fue constante durante cuatro horas, además de festivos esto también se repite todos los fines de semana”, aclara.

Una de las múltiples curiosidades de su Belén es que está construido con materiales reciclados. “Aquí hay desde pendientes hasta traseras de armario”, añade, al tiempo que aclara que las figuras aunque son compradas las modifica para que todas parezcan distintas. “Esto solo lo sé yo pero algunas se repiten hasta una docena de veces”, explica con sorna. Pero otra con tono de humor son los cuatro “cagones” escondidos entre el conjunto e incluso un “caganet” que desafía a los más observadores.

Los elementos de los que se sirve son de lo más variado, además de un hilo musical con villancicos, casi todas las edificaciones están iluminadas gracias a 30 puntos de luz y los 150 elementos móviles representan desde un movimiento de brazo, pasando por otro de cintura, el de un serrucho, un panadero metiendo el pan en el horno, la apertura de puertas, juegos de trompos, ríos con agua y molinos que giran o incluso un lago con peces de verdad.

En total suma un total de 600 piezas y aunque este pueda parecer grande, Fernando adelantó que para el próximo año su intención es triplicarlo en tamaño. “Necesito que tiren esta pared de aquí”, señala. Por precaución la instalación cuenta con un temporizador que mantiene encendido el despliegue durante media hora y descansa otros 15. Su pasión se remonta a hace 34 años y de hecho hay dos elementos de la década de los 80, un caballo y una caseta que Fernando enseñó a este diario con gusto.

“Mi mujer me mandó al garaje”

Entre risas Fernando recuerda cuando su mujer le dio ultimátum mandándolo al garaje con su Belén. “Lo montaba en el salón y quedaba allí durante meses, como es lógico se acabó cansando”, recuerda. Poco después el alcalde de Gondomar, Paco Ferreira, vio la representación publicada en ValmiñorTV y le propuso llevarlo para un edificio municipal. “La verdad que se implicó mucho y me ofreció varios espacios, estoy muy agradecido”, remata.

Mil metros de cable y 120 motores de microondas

La mayor parte del público se fija en lo que hay en la superficie, lo que se ve, pero los más curiosos se preguntan cómo se las ingenia para dar vida a su representación a escala y los datos llaman la atención. Cinco bombas, 30 puntos de luz y un total de 120 pequeños motores de entre 8 y 12 voltios se encargan de mover las 150 piezas articuladas que reciben la energía necesaria a través de una red de cables de más de mil metros.

Una vez más el reciclaje vuelve a hacer acto de presencia con pequeñas maquinitas eléctricas que provienen en su gran mayoría de microondas aunque algunas las compra, sobre todo cuando necesita propulsores de mayores revoluciones. Usa sistemas de lo más variado e identifica cada elemento con etiquetas atadas a los más de 100 enchufes que alimentan su Belén.