“Los animales que más acojo son hamsters, cobayas y conejos”

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Natalia Rodríguez.

La pasión que siente Natalia Rodríguez Conde por los animales es cuanto menos admirable. A sus 21 años de edad, esta vecina de A Ramallosa lleva desde 2016 haciéndose cargo de un refugio de animales interespecie. Hasta aquí todo puede sonar normal, sin embargo el hecho de que se encuentre literalmente en una isla en medio del río Miñor a la que sólo se puede acceder en barca, a nado o “mojándote los pies”; que tiene animales de todo tipo y tamaños y que subsiste sin ningún tipo de ayuda por parte de las administraciones, la cosa cambia y mucho. Y es que “La isla de Tali” se define a sí misma como un refugio familiar careciendo de personas externas o voluntarios. Cuenta con un catálogo de lo más variopinto que va desde cabras a 20 cobayas, pasando por 15 hamsters o una gran cantidad de conejos. “Son los que más se abandonan pero pocos lo saben porque no se habla de ello”, añade, al tiempo que explica que es complicado conseguir adopciones para ellos. Además de los de menor tamaño el listado se completa con cerdos, cinco equinos, diez perros además de gatos, lo que la convierte en una de las pocas animalistas de estas características. De hecho solo hay otra como esta en toda la comunidad gallega.

En la actualidad se hace cargo de 80 animales pero este verano llegó a reunir un total de 130. Su labor es completamente altruista hasta el punto de que pese a llevar desde 2016 en activo tan solo lleva dada de alta como asociación un año, y este es el primero que opta a recibir subvenciones por parte de las administraciones, sin embargo no le supone un obstáculo para seguir adelante. Subsiste gracias a las aportaciones de sus socios con cuotas que van desde un euro a cinco y que capta principalmente por la red social Instagram, también de las ayudas puntuales de tiendas especializadas, de lo obtenido por la venta de calendarios, de artículos de merchandising, y de las donaciones que recauda a través de la plataforma mundial Teaming. Ahora se está planteando realizar una campaña de crowdfunding para construir caniles porque es un requisito para poder hacerse cargo de perros que se encuentren en circunstancias específicas. “La inversión es importante”, explica.

Su vocación comenzó a los 10 años cuando le regalaron su primer caballo aunque no fue hasta los 16 cuando acogió a una yegua, “Chiquita”, que iba a ser sacrificada y en ese momento algo cambió en su manera de pensar hasta el punto de que dejó de comer carne. Su idea inicial era domarla para después venderla pero se “enamoró” de ella. Los siguientes en llegar a su finca fueron dos cabras, “Carmen” y “Carmencita”, a partir de aquí todo comenzó a rodar y ahora no tiene ni un minuto libre. Cuando no está estudiando está trabajando y si no en el refugio, donde pasa horas y horas.