El Juan Sebastián Elcano, la última maqueta del nigranés Feliciano Figueiró

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Feliciano Figueiró, xunto coa maqueta do Juan Sebastián Elcano.

Con un “es que si no me aburro”, Feliciano Figueiró Alonso, conocido como el “maquetista de Camos”, justifica el estrecho vínculo que guarda con el modelismo. Y es que esta es al menos la tercera que realiza después de haber anunciado un abandono que no es capaz de formalizar. A sus 82 años de edad Figueiró presenta su último trabajo, una reproducción del barco escuela “Juan Sebastián Elcano” hecha en madera y bajo sus propias reglas. A lo largo de más de 40 años de afición el nigranés ha realizado todo tipo de representaciones a escala entre las que destacan puentes, catedrales, monumentos o embarcaciones y que para él suponen casi media vida entregada a una afición.

En esta ocasión el nigranés ha reducido al imponente icono de la circunnavegación de 113 metros de eslora a escasos 80 centímetros, que sin duda llevan su sello. En él mezcla dosis de realismo e imaginación a partes iguales y unas proporciones obtenidas a través de una fotografía y un metro, además de una gran cantidad de figuras talladas en madera con un cutter que encontró hace más de 20 años. “La vista juega mucho aquí, tengo hechas otras maquetas de barcos con los planos originales pero esta se podría decir que es a ojo”, aclaró.

El casco está hecho a partir de un trozo de madera maciza, las barandillas de palillos tallados para darles un aspecto uniforme, las jarcias parten de brochetas utilizadas en cocina y los cuatro mástiles “Almansa, Asturias, Blanca y Nautilus” están hechos a partir de varas cortadas a medida y reducidos a 36 centímetros. Sin embarco lo más característico de la embarcación son sus velas, que Feliciano realizó a partir de cartón tratado para darle las formas propias de cada uno de los 24 elementos que forman parte de su aparejo. Todas ellas están orientadas en el sentido del viento al igual que las banderas. Las partes en las que más ha tirado de ingenio son sin duda en sus cubiertas. La falta de detalles de la imagen que tomó como modelo fue determinante para acabar haciendo uso de su imaginación y en la que todos y cada uno de los elementos que las componen fueron colocados a base de intuición gracias a la experiencia obtenida por Figueiró durante sus años como marino. Lo cierto es que en términos generales la reproducción se reconoce a simple vista y cualquiera que la observe dirá que se trata del “Juan Sebastián Elcano”. Las herramientas utilizadas se reducen a reglas, martillo, alicates, lápices, pintura, pinceles, un taladro y una cantidad considerable de cola de carpintero, elemento indispensable para unir el puzzle con el que Figueiró pasa las horas ajeno al mundo. Para llevar a cabo esta reproducción fueron necesarios tres meses a una media diaria de cuatro horas y el resultado final luce tras una vitrina hecha a medida. Por el momento la representación de buque escuela permanecerá en su vivienda aunque no descarta trasladarla al Centro Cultural “A Camoesa”, que cuenta desde hace tiempo con su propio “gemelo” en miniatura junto a un Pazo da Touza hecho a escala.

FIEL A SU ESTILO A BASE DE MADERA Y CUCHILLA

Destornilladores, un taladro, una navaja, un cutter, pinceles, cola de carpintero, pintura, madera y toneladas de paciencia son los ingredientes utilizados por este vecino de Nigrán para dar rienda suelta a su mayor afición. Su especialidad es recrear monumentos, iglesias, embarcaciones o puentes a escala. A Feliciano Figueiró no hay nada que se le resista y sus reglas lo diferencian de los demás.

MÁS DE 30 MAQUETAS HECHAS EN 40 AÑOS

La del Monasterio de Santa María de Oia es quizás una de las más grandes realizadas por el modelista. La comenzó en 2014 con la intención de reproducir solo su iglesia. Sin embargo tras varias visitas al complejo litúrgico el duende de las maquetas volvió a llamar a su puerta con lo que decidió ampliarla por módulos. El resultado salta a la vista, 18 meses para hacer un coloso de más de 50 kilos de peso y unas dimensiones de 1,60 x 1,35 x 1,20, que en total ronda los dos metros cuadrados de superficie. El gusanillo para Feliciano comenzó en la década de los 60, cuando estaba embarcado en la marina inglesa. Sin embargo al llegar a tierra su afición quedó latente durante años para volver a resurgir tras su jubilación y hoy en día lleva a sus espaldas una treintena de reproducciones con sello propio. Entre sus obras destacan la Sagrada Familia, las catedrales de Burgos, León o Santiago, La Peregrina o La Almudena. Ahora tan sólo queda esperar para saber si será capaz de retirarse.

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