«Las avispas velutinas vinieron para quedarse»

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Alfonso Vázquez é o concelleiro de Relacións Veciñais e leva retirados preto de medio milleiro de niños da invasora en Nigrán.

La avispa velutina ha venido para quedarse y esto es una realidad, desde su llegada en 2010 su número fue en aumento en progresión aritmética y cada vez es más común encontrarse con sus nidos esféricos y de proporciones colosales. Es por esto que los Concellos en general y en concreto los del Val Miñor empezaron sus particulares cruzadas en contra del insecto invasor, y lo cierto que hasta la fecha las medidas más efectivas son las trampas llenas de líquido atrayente que, colgadas de las ramas de los árboles, sirven de tumbas dulcificadas a base de glucosa y que las embriagan hasta la muerte.

En Nigrán existe todo un experto en la materia, se llama Alfonso Vázquez y es el actual concejal de Comercio, Relaciones Vecinales y Sanidad. En momentos de “bonanza”, y de manera completamente altruista, el edil y su ayudante acuden a las llamadas vecinales neutralizando entre 10 y 20 nidos semanales que superaron los 200 entre mayo y septiembre del último años, aunque más de 400 desde hace tres. Lo cierto es que las cifras son alarmantes ya que solo en 2017 capturó más de mil reinas que podrían llegar a crear como mínimo el mismo número de nidos y cuya cantidad va en aumento año tras año. Por ello es muy importante la colaboración ciudadana en el periodo comprendido entre finales de febrero, mayo e inicios del otoño para capturar a las fértiles.

Como cualquier vecino Alfonso tiene sus hobbies aunque en su caso podría llamarse devoción. Su pasión por la apicultura llevó al edil a tener sus primeros panales a la tierna edad de 9 años, gracias a su tío al que ayudaba en las labores de trashumancia del insecto. Él fabricaba panales artesanales de madera y los acumulaba por decenas, cuando estaban poblados entraba en juego su sobrino, que ayudaba a trasladarlos desde Parada hasta Couso. En la actualidad Alfonso Vázquez produce miel sirviéndose de sus 14 panales, aunque años atrás llegó a tener medio centenar.

Vázquez se encarga personalmente de asesorar a los vecinos e interesados en como paliar la invasión de la velutina o más bien para “mantenerlas a raya”, aunque para ello se sirve de dos tipos de actuaciones definidas. Por una parte desde su despacho Alfonso lleva repartidas más de 700 trampas y líquido atrayente, que es el mejor método para atrapar a las reinas cuando despiertan de su letargo (diapausa) cargadas de huevos para formar nidos, que pueden llegar a tres por ejemplar. Este momento tiene lugar de mediados de febrero a mayo, con la subida de temperaturas, y de septiembre a noviembre cuando buscan un lugar para pasar el invierno. Mientras que la otra parte ya responde a la segunda fase, en temporada estival que sería cuando la reina anida y forma unos panales enormes, esféricos y que pueden llegar a pesar varios kilos. Aquí Alfonso se sirve de un ayudante con el que acude in situ y con una pértiga adquirida hace algo más de un año por el Concello, perforan las enormes bolas por un costado e introducen una cantidad determinada de insecticida y a los tres días regresan para retirarlos “siempre que su situación nos lo permita”. En este punto Vázquez recalcó que lo que se matan son las adultas, sin embargo las larvas al alimentarse solo de la carne triturada de las melíferas el veneno no les afecta, “de aquí la importancia de su destrucción”. “He visto como después de neutralizar una colonia, pasados varios días esta se vuelve a reactivar precisamente por las que salen de los capullos”, explicó.

El ciclo vital de la invasora

El ciclo vital de la avispa velutina se repite prácticamente igual todos los años, aunque con pequeñas modificaciones en tiempo supeditadas a las temperaturas. El periodo entre octubre y diciembre corresponde a la muerte de reinas, obreras y machos, mientras que las fecundadas hibernan hasta febrero. A Partir de aquí despiertan y a principios de abril construyen los nidos primarios, que es el lugar en donde crece el primer centenar de obreras, que creará el secundario entre julio y septiembre para acabar reproduciéndose y completando el proceso. Estos pueden llevar a albergar a 2.000 ejemplares y 15.000 celdas para larvas, lo que lleva asociado la caza de la avispa melífera en el periodo de “vida” del secundario. Los más grandes pueden producir 500 reinas que se traduce en al menos el mismo número de nidos primarios potenciales. El conocimiento de su ciclo es vital para determinar el momento idóneo de captura ya que si se atrapan a las avispas con capacidad de reproducción en el momento que buscan un sitio para desovar, estas no forman su primera morada interrumpiendo su proceso reproductivo y su consiguiente frenada, al mismo tiempo que si se interceptan cuando salen a finales de verano para iniciar una nueva diapausa. De aquí la importancia de la colocación y control de trampas de una manera coordinada.

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