Gondomar, la tierra en donde los furanchos campan a sus anchas

FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // A miúdo Suso e Luís, furancho A Ponte, sacan as súas harmónicas para dalo todo.

Pocas cosas tan auténticas existen en la cultura gallega como los furanchos y Gondomar de esto sabe, y mucho. Si la comarca del Val Miñor se extiende a lo largo de 145 kilómetros cuadrados, 75 pertenecen a la villa condal. Su orografía y clima les permite cultivar grandes cantidades de uva que posteriormente son convertidas en vino, lo que provoca unos excedentes a los que la mayoría de productores no son capaces de consumir, y qué mejor manera de despacharlos que a precios populares entre vecinos y visitantes. Así nacen estos establecimientos que en la mayoría de los casos se encuentran en los bajos de las viviendas particulares o en añadidos dentro de la propiedad.

La peculiaridad del municipio es que una vez que se sale del centro urbano el resto de la población se agrupa en multitud de pequeños núcleos, con lo que en ocasiones uno tiene la sensación de encontrarse en la Galicia profunda. Las montañas se mezclan con los bosques tanto autóctonos como de pino y eucalipto, pero también conviven con multitud de vides que se pueden observar al pie de unas carreteras que en la mayoría de casos serpentean por sus parroquias. Y es precisamente en esos viales secundarios donde las ramas de laurel cuelgan de las señales de tráfico, carteles publicitarios o semáforos, síntoma inequívoco de que un furancho o loureiro está muy cerca.

Coincidiendo con que la temporada “furancheira” está en su recta final, el 30 de junio, este diario se ha adentrado en ese mundo haciendo un pequeño recorrido por las parroquias gondomareñas para conocer de primera mano a sus dueños y las historias que esconden tras de sí. Podría decirse que todos se dedican a lo mismo, a precios muy económicos despachan sus excedentes de vino además de cinco tapas o raciones que tienen que elegir de un total de once, prefijadas por la normativa reguladora autonómica. Sin embargo cada uno de los loureiros que se encuentran en la villa condal es único, con identidad propia y todos ellos guardan peculiaridades respecto al anterior ya sea por su decoración, sus fincas o sus propietarios. Las parroquias elegidas fueron Vilaza, Vincios y Mañufe.

Cuatro furanchos elegidos al azar en Vilaza, Vincios y Morgadáns

El recorrido comenzó por la PO-332 hasta llegar a la parroquia de Vilaza y poco antes de llegar a la rotonda que comunica Vincios con Gondomar una rama laurel a pie de carretera indicaba el acceso al furancho “Os Eidos” ubicado en el bajo de una vivienda particular, exactamente en las antiguas cuadras del inmueble. Un lugar cargado de encanto con una gran finca, hórreo, multitud de vides y Manuel, su propietario. Ofrecen tanto blanco como tinto y la tapa elegida aquí fue oreja. El ambiente que se respira es familiar y regenta el loureiro junto con su mujer y sus hijas.

El siguiente destino fue el furancho “Vincios” al que se accede cogiendo un desvío a la derecha en la rotonda de entrada a Vincios en dirección Zamáns. Este vial plagado de curvas pronunciadas entre el bosque lleva a Morgadáns y Chaín, entre otras parroquias, aunque éste queda a dos o tres kilómetros del inicio, muy cerca de “Casa Florita”. Una vez dentro, el ambiente al igual que el anterior también era muy familiar, las raciones elegidas fueron “bistepanes”, tortilla y fabada acompañadas de una jarra de vino tinto, fuimos recibidos por Susana y su hijo Miguel. El local tiene una zona de mesas corridas y otras individuales, en una de sus paredes reza la frase “amigos para beber viño sobran, o carallo é dar sulfato”.

Para llegar al tercero hay que seguir por el vial anteriormente mencionado y desviarse a la derecha a la altura de la casa escuela de Morgadáns, seguir bajando por Guillufe pasando Chaín hasta llegar al centro de Gondomar, campo de fútbol As cercas y en la rotonda hay que tomar a la izquierda hasta la carretera de Mañufe, en sentido descendente se encuentra «Castellanos», el tercer loureiro.

De nuevo en ruta y por la misma calle hacia abajo se encuentra “A Ponte”, ubicado en una casa particular. Este espacio goza de gran cantidad de mesas exteriores además de la zona interior, pero mejor de todo sin duda son sus propietarios, “los gemelos”. El final perfecto para una ruta “furancheira”, aquí el espectáculo y la risa están garantizadas de la mano de Suso y Luis que no dudaron ni por un segundo en sacar sus armónicas y ofrecer a los comensales interpretaciones como el cumpleaños feliz o una versión muy peculiar de “A cabritinha” de Quim Barreiros.

GONDOMAR, A TERRA ONDE OS FURANCHOS CAMPAN ÁS SÚAS ANCHAS
FOTO: PABLO F. ESTÉVEZ // Manuel de “Os Eidos”, Susana e Miguel de Vincios e Luis de “A Ponte”.

MANUEL DE «OS EIDOS»

Manuel lleva más de 15 años regentando el furancho junto con su mujer e hijas. Abren del uno de abril hasta el fin de la temporada de jueves a domingo y festivos incluidos. Como la mayoría de estos establecimientos se creó para dar salida a los excedentes de vino de la vivienda de sus suegros y para pagar la universidad de sus hijas, el comedor está ubicado en las antiguas cuadras del inmueble. “Cuando fallecieron los padres de mi mujer reconvertimos este espacio para poner mesas”, explicó.

SUSANA Y MIGUEL, VINCIOS

Susana lleva 16 años al frente del loureiro. Recuerda que cuando le propuso a su marido este tipo de negocio la respuesta inicial fue negativa pero cuando se jubiló se decidieron a hacerlo. Abren del 1 de marzo hasta el 30 de este mes de lunes a domingo, los fines de semana vienen sus hijos a echarles una mano. Producen sobre 3.000 litros de vino por temporada. “Por ahora seguimos aguantando pero si nos presionan más tendremos que acabar cerrando o cortando parte de las cepas”, afirmó.

LUIS DE «A PONTE»

Jose luis abrió con su mujer el establecimiento hace cinco años, y estuvo otros tres llevando uno en su casa de Castrelos (Vigo) aunque reside en el Val Miñor. Confesó que fue él quien le metió el gusanillo en el cuerpo ya que al principio no le gustaba. “Ahora le encanta”, afirmó. Los fines de semana su hermano Suso y su cuñado les ayudan a llevarlo. En tres meses le dan salida a 1.500 litros de vino blanco y tinto. Abren todos los días de 20 a 00 horas hasta el 30 de junio.

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