Nigrán recuerda al represaliado de Parada José Veiro

El Ayuntamiento de Nigrán se sumó por tercer año consecutivo al “Día de la Restauración de la Memoria Lingüística de Galicia” con un acto este sábado en el Cementerio Municipal de Parada en el que se honró al represaliado de la parroquia José Veiro Guisande una vez que su lápida fue cambiada y traducida al gallego por el consistorio con el beneplácito de la familia. Además, antes se descubrió una placa en la entrada al camposanto con el nombre en gallego del cementerio, al que también se le añadieron nombres a las calles, todos ellos en gallego. Al acto acudió el alcalde de Nigrán y los concejales del gobierno local, el alcalde de Salceda de Caselas, Xosé González (fundador de la Asociación de Funcionarios por la Normalización Lingüística), representantes del IEM y la familia de José Veiro encabezada por su hija Eulalia Vidal, de 86 años.

Este Día de Restauración de la Memoria Lingüística está promovido por la Asociación de Funcionarios para la Normalización Lingüística, sumándose el Ayuntamiento de Nigrán por vez primera en su historia en 2015, cuando se homenajeó al maestro republicano fusilado José Vázquez Grela y en 2016 al escritor Carlos Casares (los dos enterrados en el Cementerio Municipal de Nigrán).

Las lápidas de los camposantos gallegos demuestran la renuncia de los gallegos por su idioma: prefieren recordar a sus difuntos en una lengua que no hablan en el ámbito familiar. De hecho, sólo una minoría consciente ejerce la galleguidad en el ámbito de la esfera individual y familiar. Los datos son elocuentes: sólo una de cada mil lápidas está escrita en gallego; y únicamente un 2% de las esquelas publicadas en los periódicos está redactada en nuestro idioma.

El regidor, Juan González, se muestra especialmente orgulloso de homenajear y recordar la figura de José Veiro, fallecido en 1995 a los 88 años y al que le dedica muchas páginas de su libro “Nigrán. Memoria de una Guerra 1936-1939”. “Era una persona comprometida socialmente, sufrió calamidades durante los años que anduvo huido y luego en la cadena, sin embargo, fue capaz de perdonar, retomar su vida y reconciliarse con muchas amistades del bando franquista, era muy querido. Por todo ello, desde el gobierno de Nigrán quisimos aprovechar este acto de restauración de la memoria lingüística para recuperar también la memoria histórica de nuestros vecinos injustamente represaliados por sus ideas”, defiende González.

José Veiro Guisande (Vilariño, 1907)

Natural de Nigrán (Vilariño), José Veiro era un conocido labrador de izquierdas en Parada, donde hizo su vida con su mujer Saladina Vidal. Pertenecía al Sindicato de Agricultores y quedó señalado por los falangistas en un concurrido mitin que dio en A Ramallosa. Tras la Guerra Civil anduvo escondido en el monte y entre casas de vecinos hasta que el cerco sobre él aumenta y decide esconderse con la ayuda de su mujer en un minúsculo agujero tapado con paja y maíz, hecho a escasos metros de su casa, bajo un nogal. Allí pasó más de tres años, sin siquiera sus hijos pequeños, que jugaban siempre muy cerca del agujero, tener conocimiento. “Un día lo miramos subir a un manzano y corrimos a contarle al abuelo que allí había un hombre, ni lo reconocemos, a nosotros nos habían dicho que había marchado para América. Incluso a veces, por las noches, mientras dormíamos venía a la casa y hablaban, pero a nosotros nos decían que habíamos soñado, que no había venido nadie”, recuerda Eulalia Veiro, su hija, que actualmente tiene 86 años.

Durante este tiempo en el agujero su mujer hacía que le llevaba comida al perro para realmente dársela a él, y fue en una de esas cuando los guardias escondidos en unas viñas descubrieron la realidad. ‘El Veiro’ huyó corriendo, pero trajeron más guardias encabezados por el cabo Pena y finalmente lo cogieron después de que, prácticamente rendido, silbara y gritara con todas las sus fuerzas “¡Yo soy el Veiro!”.

Tras someterlo a terribles palizas en el cuartel de Baiona, “el Veiro” fue trasladado a las cadenas de Ferrol, Escollera o la isla de la Gomera. “Cuando volvió no era él”, dice Eulalia, que no pudo retomar la escuela por ser “hija de un rubio”. Pese a todo, José Veiro pudo regresar al trabajo en el campo, retomar su vida e incluso hacer grandes amistades con destacados franquistas de la comarca. Murió en 1995, a los 88 años, siendo un vecino muy querido por todos.

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