El ciclo de BARferencias de Fortalezas da Fronteira continuó este pasado jueves en la Social de Estás, en la parroquia tomiñesa de Estás, con una charla del arqueólogo e investigador Brais Currás, del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Bajo el título “La minería de oro romana en el Baixo Miño: gente, lugares y poblados”, Currás acercó al público una lectura arqueológica de la profunda transformación que vivió el territorio con la llegada y consolidación del dominio romano.
Durante su intervención, el investigador explicó que su línea de trabajo se centra en el estudio de la transición entre la Edad del Hierro y la época romana en los paisajes del noroeste de la Península Ibérica, con una atención especial al Baixo Miño, territorio al que dedicó su tesis doctoral.
Currás señaló que el Baixo Miño fue un espacio profundamente transformado por el dominio de Roma ya desde la época republicana y, de manera especialmente intensa, a partir del período de Augusto. Con el inicio del Imperio, explicó, comenzó una explotación sistemática de los recursos auríferos que modificó tanto el paisaje como la vida de las comunidades que habitaban el valle.
Según expuso el investigador, el valle del Miño y buena parte del noroeste peninsular estuvieron marcados por la presencia de explotaciones auríferas que abastecieron de oro el Imperio romano. Este oro, recordó, fue fundamental para garantizar el funcionamiento del sistema monetario, de la economía y, en consecuencia, del propio sistema imperial romano.
En el caso del Baixo Miño, Currás destacó que el paisaje minero permanece hoy en buena medida oculto por las transformaciones acumuladas a lo largo de los siglos. Además, denunció los destrozos causados en estos yacimientos por la construcción de carreteras, polígonos industriales y, sobre todo, la plantación de eucaliptos. Con todo, subrayó que un vistazo arqueológico permite identificar un amplio complejo minero que produjo oro y que tuvo un impacto decisivo sobre la organización del territorio, los poblados y las formas de vida de las personas que habitaban esta zona.
El investigador del CSIC también aludió a algunos de los asentamientos mineros que surgieron al lado de estas explotaciones: “Eran castros mineros, pero ya completamente romanizados”, apuntó. De hecho, gran parte de la población indígena que trabajó en estas minas romanas fue desplazada a pesar de no estar esclavizada. Hoy en día, muchos de estos asentamientos están destrozados por plantaciones de eucaliptos.
La BARferencia permitió acercar al público una visión del Baixo Miño como un paisaje histórico complejo, marcado por la explotación de los recursos naturales, por la integración en el Imperio romano y por la transformación de las comunidades locales. La sesión sirvió también para conectar la investigación arqueológica con el conocimiento del territorio y con la memoria material que aún hoy permanece en el paisaje.
Las BARferencias forman parte de la programación abierta de Fortalezas da Fronteira, proyecto arqueológico alrededor del yacimiento de As Torres, en San Miguel de Taborda, Tomiño. La iniciativa combina trabajos de investigación, voluntariado, formación, rutas y encuentros divulgativos con el objetivo de acercar a la ciudadanía la arqueología, la historia y la memoria de la raia gallego-portuguesa.
El ciclo continuará en los próximos días con nuevas actividades alrededor del paisaje fortificado, la educación patrimonial y la memoria de los territorios de frontera.



