El Diario Oficial de Galicia publica hoy la declaración de Bien de Interés Cultural del patrimonio inmaterial del Juego de Bolos de Galicia. De este modo, concluye el proceso de este reconocimiento que acredita el componente identitario e inclusivo de esta actividad, calificándola como uno de los juegos populares y tradicionales más importantes de la historia de Galicia.
Así, los técnicos de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural recogen en el expediente que esta práctica fomenta la adhesión a lo propio, impulsando la sociabilidad y la integración social, e impulsa la inclusión, a través del desarrollo de habilidades como la memoria, el razonamiento lógico, el compañerismo y la cooperación. Además, se trata de un entretenimiento transmitido de generación en generación oralmente y por el ejercicio mismo de este. El proceso de custodia y la transmisión se encuentra en la actualidad condicionado por el hecho de que, pues su práctica y las personas que guardan el saber están disminuyendo, con el riesgo consiguiente de perder las formas propias de cada zona.
El pasatiempo, desparramado por toda la geografía gallega con diferentes grados de actividad, consiste en lanzar o hacer rodar una bola contra una serie de bolos con el objetivo de derribarlos y desplazarlos lo más lejos posible, conjugando la plasticidad en el tiro con la fuerza, potencia y coordinación.
Hace falta señalar el respaldo ciudadano a través de numerosos documentos de apoyo a la declaración, que eleva a 797 el número de Bienes de Interés Cultural existentes en Galicia. Así, permite culminar un proceso iniciado en octubre de 2024 por la Consellería de Cultura, Lingua e Xuventude y que se resuelve ahora antes de que se cumpla el plazo máximo de 24 meses establecido en la Ley de Patrimonio Cultural y que otorga el máximo nivel de protección a esta actividad.
Historia y proyección internacional
En nuestra comunidad el juego de los bolos se desarrolló fundamentalmente en el rural hasta la Edad Contemporánea, que se desplaza al ámbito urbano a causa del progresivo asentamiento de la industria moderna.
Los lugares de juego estaban instalados tradicionalmente en las plazas de las villas o delante de las iglesias y las competiciones consistían en jugarse corderos, gallos, jarras de vino, entre otras. También funcionaba este tiempo de ocio como complemento festivo de los actos profanos de la fiesta de la parroquia, formando parte de las relaciones sociales y sirviendo de punto de encuentro en los atardeceres de la primavera o del verano.
El fenómeno emigratorio gallego extendió este pasatiempo, llegando a crearse asociaciones en Argentina y Uruguay. En Buenos Aires se juega en el Centro Galicia, en el círculo Social Valle Miñor y el centro Cangas del Narcea; y en Montevideo se practica juego en el Centro Social, Cultural y Deportivo de Bolos Valle Miñor. Otros países a los que la emigración gallega llevó el juego son Cuba, México o Chile.
En Galicia, la práctica de esta actividad comienza a desfallecer en la década de los años 50 del siglo XX. Con el fin de transmitir, impulsar y protegerla en el año 1988 se funda la Federación Gallega de Bolos que incorpora, en el año 1992, el juego del bolo celta o tradicional.

