Xosé Luís Franco Grande (Tomiño, 1936 – Vigo 2020) escribió menos de lo que siempre quiso. Y, así y todo, a pesar de los deberes de un día a día profesional en el mundo del derecho, fue quien de dejar un legado literario que hacen de él “una de las voces poéticas más admirables de la segunda mitad del siglo XX”, valora el presidente de la Real Academia Galega. La institución de la que formó parte le rindió homenaje en la tarde de ayer al escritor junto a otras dos entidades a las que también estuvo estrechamente vinculado: la Editorial Galaxia y la Fundación Penzol. La celebración en la Casa Galega da Cultura de Vigo sirvió de marco para la presentación de “Un intre no tempo. Poesía reunida (1967-2017)”, volumen que reúne los cuatro poemarios que el académico de número publicó en vida.
Henrique Monteagudo intervino en el acto en una mesa en la que también tomaron la palabra para recordar a Franco Grande Manuel Puga, presidente del patronato de la Fundación Penzol; Antón Vidal Andión, presidente del consejo de administración de la Editorial Galaxia; Teresa Seara, editora de la antología; y Navia Franco, hija del autor, en nombre de su hermana Rosalía y ella misma. El homenaje, organizado con la colaboración del Concello de Vigo, contó con la presencia entre el público de lectores y amistades del autor, así como autoridades como el secretario xeral da Lingua, Valentín García, y la alcaldesa de Tomiño, Sandra González.
“Xosé Luís Franco Grande es una figura fundamental del período que él mismo denominó los años oscuros, el tiempo de la dictadura de Franco, sobre todo en sus primeras etapas. Desde muy joven, ya en los años de estudiante en la Universidad de Santiago de Compostela en la segunda mitad de los años 50, adoptó un compromiso radical, profundo, con la lengua y con la cultura gallegas”, retrata el presidente de la Academia. “Este compromiso lo manifestó de distintas maneras, y quizás la más perdurable sea su producción artística como poeta”, valora Henrique Monteagudo.
Este juicio habría de agradarle al autor. Porque él, “por encima de todo, se sentía poeta”, aseguran sus hijas. “Creemos que nuestro padre estaría muy contento de ver reunida y publicada su poesía. Sabemos que aún hay alguna escondida o desaparecida, inédita”, comparten Navia y Rosalía Franco. “Para nosotros Un intre no tempo es un merecido homenaje a nuestro padre poeta, le agradecemos a Galaxia esta publicación y a Teresa Seara que la facilitara”, añaden.
Releer a Franco Grande fue para la responsable de la edición un reencuentro con una poesía que, más allá de un “gran dominio de la métrica, hace gala de una maestría léxica innegable”, indica la editora sobre quien fue, además de escritor, autor del “Diccionario galego-castelán” (1968), obra de referencia para varias generaciones que comenzaban a estudiar gallego aún en la dictadura. “También significó regresar a la línea existencial que dominaba en los años cincuenta con su carga de herida y tiniebla”, analiza Teresa Seara. Al entender de la crítica literaria, en la lírica del académico se encuentra “una lección crucial para la vida o, como dijo Xulio Ríos, un ‘universo de profundidades común en quien conversa consigo mismo de forma incesante’ y busca respuestas a las grandes preguntas de la existencia”.
La editora de la antología de Franco Grande señala en esta línea la “plena actualidad” de los temas en los que ahonda su poesía, desde la reflexión sobre ese sentido de la existencia y la búsqueda de la trascendencia, hasta la herida de la muerte del padre, el contraste antitético entre la ciudad y el entorno natural (en su caso a Tebra, la parroquia de Tomiño donde nació) o la denuncia de las injusticias, como hizo en los años de juventud, pero también en su último “Libro das abandonadas” (2017), páginas estas últimas en las que pone el foco en las consecuencias del abandono para la mujer, haciendo dialogar las viudas de vivo de Rosalía con figuras como Gaspara Stampa y Mariana Alcoforado, repasa Seara.
Un intelectual honesto y respetado
Más allá de la poesía, hubo también tiempo para evocar el Franco Grande activista cultural y amigo. Su compromiso con el país brotó siendo aun bien joven, en los años de estudiante universitario en Santiago de Compostela, donde entró en contacto con los galleguistas del exilio interior y la siguiente generación que continuaría la labor de esta, la suya propia. Fue un comienzo decisivo, como recuerdan Navia y Rosalía Franco en estas palabras de su padre: “Debo todo en mi vida a los compañeros de generación y a los galleguistas que en la década de los 50 retomaron la lucha por la dignidad nacional de Galicia”.
Tras licenciarse en Derecho y una estadía de dos años en A Coruña, en el despacho del abogado Sebastián-Martínez Risco -de aquella ya presidente de la Real Academia Galega-, Franco Grande se instalaría en Vigo. Poco después de llegar a la ciudad, cuando en 1963 se constituyó la Fundación Penzol, su mecenas tuvo claro que quería contar con él, indica el actual presidente de la entidad, Manuel Puga. “Era un chico de solo 27 años y acababa de llegar a Vigo para trabajar en el despacho de Xaime Isla Couto, y Fermín Penzol decidió incorporarlo al patronato al lado de figuras como Ramón Otero Pedrayo, Ramiro Isla Couto o Carvalho Calero. Su labor fue intenso y siempre comprometido. Recorrió Galicia y trabajó a destajo en la búsqueda de apoyos a la causa”, resume.
Más adelante renunciaría a ser padroeiro de la Penzol por un desencuentro con Ramón Piñeiro, pero en 2007 volvería a serlo, en esta ocasión, con unos nuevos estatutos, en representación de la Real Academia Galega. “En su regreso volvió a participar en la Penzol haciendo siempre aportaciones oportunas, y fue recibido de nuevo con mucho afecto y respeto”, cuenta Manuel Puga. Muestra de este cariño es la edición facsimilar de “Vieiro choído” (1957), su primer libro. El texto teatral que inauguró la colección Illa Nova de la editorial viguesa fue llevado de nuevo a imprenta en 2018 por la Penzol, la Fundación Isla Couto y Galaxia.
En representación de la editorial viguesa participó en el homenaje el presidente de su consejo de administración, del que Franco Grande fue secretario. Antón Vidal Andión no se detiene mucho en los detalles de la estrecha relación entre el homenajeado y Galaxia, bien conocida y muy temprana también. Prefiere compartir el retrato que guarda en su mente de un hombre que admira. “Conocí a Franco Grande en mi llegada a Vigo, a mediados de los 70, a través de un amigo en común, Xoán Bernárdez, que como él trabajaba para la Caja de Ahorros de Vigo, y con quien había colaborado en el programa de radio sobre Galicia Raíz e Tempo (1966-1970)”, rememora. “De él destacaría sobre todo su honestidad intelectual, incluso se obligaba a mantener a veces posiciones no fáciles”, subraya.
Como escritor, Antón Vidal también destaca la lucidez de Franco Grande como ensayista y cronista en “Os anos escuros I. A resistencia cultural da xeración da noite” (1954-1960), ampliado en 2004. “Este libro me dio una idea cabal de lo que fue Galaxia en los años que no pude vivir por mi edad”, valora. Junto a su poesía, espejo de su yo más íntimo, estas páginas mantienen viva su memoria y la de la generación a la que perteneció, ello imprescindible entre los galleguistas históricos y los que hoy siguen sembrando futuro.

