Bomberos Forestales alertan: lo ocurrido en Ourense acabará por llegar a la franja atlántica

Bomberos Forestales del SPIF (Servicio de Prevención y Extinción de los Incendios Forestales de Galicia) alertaron este lunes en Oia de las muy malas previsiones sobre el riesgo de incendios para cualquiera de los próximos veranos en la muy poblada franja atlántica.

En primer lugar, las condiciones espaciales:

  • Todo el espectro territorial de la conocida “franja atlántica” y en el entorno que vertebra la AP-9 con las ramificaciones, comprende un área densamente poblada, que se multiplica exponencialmente en los meses de verano. No decimos nada nuevo cuando hablamos de los múltiples defectos que podemos encontrar en el desorden urbanístico concretamente en lo tocante a la vertebración por las vías de comunicación. La importancia en las emergencias de evitar los colapsos para las evacuaciones de población en peligro y fluidez de paso para los servicios de emergencias son cruciales.
  • La inmensidad en la continuidad forestal arbolada es descomunal. Por encima las tradicionales especies asentadas en el territorio son de carácter pirófito (eucaliptos y pinos) invadiendo todo tanto en las inmensas extensiones de los montes gestionados o no, quemados anteriormente y desmadrados como colonizadores muy invasivos, así como en el espacios antes cultivados y hoy abandonados que invaden, empeora gravemente la situación. El raquitismo de espacios en mosaico como barrera a los incendios saltan a la vista y genera una escasa agricultura de contención aquí.

Segundo, las condiciones meteorológicas:

  • Las características climáticas de esta área con inviernos con abundantes precipitaciones y temperaturas suaves favorecen la exuberante masa forestal arbolada o en forma de matorral. Los veranos aquí, son en general cálidos y con cierta aridez estival y tendente a mediterranización en zonas y cuando estas se prolongan semanas pueden producir lo vivido aquí este verano por suerte de una manera puntual. Pero episodios recientes atrás debe hacernos reflexionar como los apocalípticos 2006 y el 2017 obliga a estar en guardia, el calentamiento climático lo está condicionando todo.

“Resulta ser un secreto a voces tanto del campo científico relacionado con los incendios forestales, los diversos estudios encargados y hechos desde el servicio de extinción o valoraciones desde las CMVMC que lo acontecido este verano en Ourense se veía venir. Con unas condiciones meteorológicas extremas, la caída demográfica que gestione ese rural (en el agroganadero o forestal) para encarar la implicación necesaria y la caída gestión del territorio, y con las peregrinas y cosméticas políticas preventivas impulsadas desde la Conselleria del Medio Rural, en un entorno con una vegetación susceptible de consumirse en las llamas el estallido incendiario estaba anunciado”, señalan.

“La concentración y extensión en tiempo de los incendios en Ourense, sin embargo, no dejaron al resto de Galicia al margen. Hace falta recordar y no olvidar, que en julio aquellos primeros conatos en Chandebrito (Nigrán), Xián en Gondomar luego fueron creciendo a incendios ya de cierta entidad como Meaño, A Cañiza, A Picoña en Salceda de Caselas, Batalláns en As Neves o Corme en la Costa da Morte, que ya eran pronóstico para convencernos. Y en otro salto los incendios amenazaron Vilaboa y en la misma tarde Mougás en Oia. Para finalizar (por ahora en Lugo) con los ocurridos en Barreiros y finalmente en Pantón y Sober en pleno corazón de la Ribeira Sacra. Y esto no finalizó”, advierten.

“Los Bomberos Forestales nos vimos sometidos a una tremenda presión, sin descanso en todo el país, durante el grueso de la campaña de verano. Pero hace falta reseñar un nuevo paradigma en la defensa contra los incendios ante el avance del verano. Concentramos la mayor parte de los esfuerzos a contener el fuego para poder poner a salvo las vidas humanas, los bienes, las entidades poblacionales dejando las masas forestales a su suerte. Y así los incendios alcanzaron las mastodónticas dimensiones. O te centras en el monte o en las viviendas y las prioridades son claras: personas, bienes y masas forestales. Es nuestro ABC profesional”, indicen.

“Ahora los incendios giraron a un problema de emergencia civil y precisamos una honda revisión y potenciación del dispositivo para encarar este desafío. La dirección del SPIF (Servicio de Prevención contra los Incendios Forestales) llevan años relajados y descuidando una apuesta más decidida para esta urgente adaptación. Cursos teórico/prácticos impartidos en estos últimos años si bien, nos dotaron de buenos, amplios conocimientos y habilidades gracias también a la abnegada implicación de los monitores, son insuficientes. Se avanzó sí gracias a la disponibilidad e interés de los trabajadores, pero toca ya desde arriba, desde los mandos intermedios y superiores en la Dirección Xeral en particular y en la Consellería de Medio Rural impulsar y reforzar exponencialmente lo aprendido. A efectos prácticos este verano se comprobó nuestra valía sobre el terreno pero las casuísticas fueron diversas y hubo que tomar muchas decisiones en tiempo real, analizando en caliente, con una consulta de urgencia y la consiguiente autorización las prisas de los mandos. Tomando a veces decisiones arriesgadas que en las más aciertas, pero también reconocer que en otras fracasas. No contar con todos los actuales efectivos, los presentes profesionales de campo en el SPIF abocará a la Xunta de Galicia a cometer un error tremendo de consecuencias desastrosas”, añaden.

“Llevamos un verano infernal que aún no finalizó y en el que aún hace poco, varios compañeros/as sufrieron graves accidentes laborales derivado de nuestra actividad contra el fuego como el atrapamiento en el incendio de Barreiros en la Mariña lucense y el accidente de un motombista en Muíños en el Xurés, que sumados al atrapamiento de varios en el incendio de Oímbra. No se puede seguir jugando con la suerte y bajo todo esto se encuentra la dolencia de la precariedad laboral en el sector. Y hace falta recordar un largo etcétera que sufrimos y pasamos a relatar”:

  • Las deficiencias aparecidas en los diseños de los EPIs: chaqueta, pantalones y camiseta no válidos en partes para soportar temperaturas extremas. La máscara incompatible con el uso del casco cuando debes hacer uso de ambos. Debemos exigir la más rápida renovación del mismo y una mayor diligencia en estas contrataciones.
  • La no cobertura de las plazas previstas en tiempo, sino por encima en plena ola incendiaria, se armó un patético espectáculo político entre administraciones de distinto signo.
  • El lanzamiento del último proceso selectivo en plena ola incendiaria. Pensamos que es necesaria la apertura puntual de una extraordinaria mesa de negociación entre las OOSS y la administración para revisar y corregir cosas como considerar el tiempo de inactividad y buscar la fórmula de valorar más el tiempo en el SPIF.
  • Sobre lo anterior convendría a lo mejor dilatar en el tiempo lanzar este proceso. Resolver los anteriores y aprender de los errores para no volver repetir en futuros.
  • Motobombas averiadas o sin personal.
  • Enlazando con todo el anterior, la sobreactuación de sobrevalorar el papel de la UME en detrimento del resto de los servicios públicos de Bomberos Forestales, en particular el SPIF. No se abre ni se destaca en los informativos en general la relevancia que debían tener los trabajadores de la Xunta, el SPIF.
  • La discriminación generada desde la administración en el mismo SPIF entre funcionarios y laborales. Como el tope de 10 horas para los funcionarios en los incendios, salvo en situación 2, y la no compensación de los domingos y festivos a los laborales. Mismo trabajo mismas condiciones.
  • Empezar a reclamar seriamente una mejora salarial digna a los tiempos. El ejemplo de la subida de un 30% a Tragsa en Madrid apunta bien como modelo a considerar o la estimación de los coeficientes reductores y la segunda actividad.
  • Articular la fórmula para integrar las brigadas municipales en el SPIF. Mismo trabajo, insistimos, igualdad de condiciones.
  • Exigir a la Xunta de Galicia que inste de una vez por todas al partido político que lo sostiene en el poder ejecutivo (Partido Popular) la expulsión fulminante de la formación de la secretaría local de O Barco de Valdeorras. Las infames declaraciones vertidas a los trabajadores más precarios de su Servicio de extinción es un insulto frontal a toda una institución como la consellerías del Medio Rural y el SPIF. No hacerlo y denigrar a la máxima institución gallega (a la Xunta de Galicia en su conjunto y a quien dice representar: la ciudadanía gallega) poco menos que acusándola de encubridora de delincuentes.

“Con el denominador común de demandar el merecido respeto, la igualdad laboral y prestigiar nuestra condición de Bombero Forestal. Ese entendemos es el camino correcto a seguir. Llamamos a considerar todo lo anterior como una reflexión de punto de partida, pero sin dilaciones. Existen amenazas veladas de querer hacer políticas regresivas que giren en todo lo avanzado y es necesario tomar buena nota. Ser inteligentes y audaces y estar a la altura de los tiempos para poder blindar resumidamente las condiciones de todos los trabajadores/as del Servicio”, concluyen.