Nueva jornada de huelga del personal de residencias, centros de día y SAF

Las trabajadoras de las residencias privadas de la tercera edad, centros de día y servicios de ayuda en el hogar están secundando este jueves la cuarta jornada de huelga convocada por la CIG en este mes de septiembre para demandar condiciones salariales y laborales dignas. Para visibilizar su lucha, y ante las dificultades que implica llevar adelante una huelga con servicios mínimos abusivos, las trabajadoras se movilizaron en distintas localidades a lo largo de todo el país y delante de numerosos centros residenciales, arropadas además, por las personas usuarias.

La CIG-Servizos hizo una valoración positiva de estas cuatro jornadas de huelga, a pesar de los abusivos servicios mínimos decretados, sobre todo en el SAF. “Los cuadros de personal están al límite, por lo que con una actividad mínima del 100%, prácticamente ninguna persona trabajadora del sector puede ejercer el derecho fundamental a la huelga”. No obstante, señala Adolfo Naya, de la CIG-Servizos, las trabajadoras de las residencias y centros de día manifiestan su apoyo a la huelga saliendo a protestar a las puertas de los centros de trabajo durante el tiempo de descanso “para reclamar convenios dignos y salarios decentes”.

Denuncia el inmovilismo patronal, tanto en el convenio de residencias privadas como en el de ayuda en el hogar, cuyas mesas de negociación están paralizadas “mientras la Xunta de Galicia sigue mirando para otro lado, ignora sus responsabilidades y se desentiende de las condiciones en las que se prestan unos servicios esenciales como el de los cuidados a las personas mayores y personas dependientes”.

En el SAF, condiciones “cada vez peores”

En esta línea, Rosa Couto, trabajadora y delegada de la CIG en el SAF de Vigo, reclamó la negociación del convenio del sector, que lleva 12 años caducado. “Creemos que ya es hora de que se sienten, pero con seriedad y con voluntad de llegar a acuerdos”. Lo fundamental para ella es finalizar con unos horarios “incompatibles con la vida personal” y llevar a cabo las valoraciones de riesgos en los centros de trabajo, con el establecimiento de un protocolo actualizado que garantice la seguridad de las personas trabajadoras. “Prestamos servicio en domicilios en los que se producen amenazas, acosos y agresiones”.

También hizo hincapié en la total ausencia de ayudas técnicas “incluso para mover a personas de más de 100 kilos de peso”. Lo que se traduce en problemas de salud y lesiones que las mutuas laborales ignoran “diciéndote que son cosas de la edad”. Por eso lamentó que en los 32 años que lleva en el servicio no se consiguiera una mejora de las condiciones de trabajo, más bien al contrario, “ya que pienso que estamos cada vez peor”. Por eso animó a seguir con las huelgas y las movilizaciones hasta conseguir que la patronal se siente a negociar.

Ratios insuficientes en las residencias

En cuanto al sector de residencias y centros de día privados, Rosa Vila, gericultora en el centro de día de Cogami en Vigo, señaló como principal problemática los bajos ratios de personal, hasta el punto de que en los días de huelga el número de personas trabajadoras supera el existente en días normales. Esta escasez de personal provoca una sobrecarga de trabajo “brutal” que impide que las empresas puedan encontrar personal dispuesto a trabajar en estas condiciones laborales de precariedad derivadas de un convenio que expiró en 2024. En este sentido, recordó que una trabajadora puede atender hasta 15 personas o más. “Yo misma, cuando trabajé en una residencia, tuve que acostar una noche a 25 personas”.

“Muchas de nosotras cobramos por debajo del salario mínimo, pero complementamos con pluses como antigüedad o festivos y domingos”. El personal tiene que asumir también tareas que no se corresponden con su categoría profesional. “Las cuidadoras tenemos que dar medicaciones al carecer de enfermeras, e incluso tenemos que atender pacientes con patologías psiquiátricas para las que no estamos formadas”. Y denunció que los centros de día están acogiendo a personas dependientes de grado 3 “cuando no están preparados para atender este tipo de pacientes, por lo que no se le está prestando una atención de calidad”.