Durante tres días, O Rosal volvió a demostrar que el vino puede ser mucho más que una bebida: puede ser identidad, encuentro, alegría compartida. La XXXIII Feria del Vino, celebrada del 18 al 20 de julio, cerró con un balance extraordinario tanto en participación como en ambiente. La Praza do Calvario se convirtió en el mejor refugio para cientos de familias que disfrutaron de un programa pensado para todos los públicos y todas las edades. “Este año se sintió algo especial: ese calor humano que solo se da cuando un pueblo disfruta unido. Fue una feria viva, orgullosa, segura y sostenible”, resume la alcaldesa Ánxela Fernández Callís, visiblemente emocionada y agradecida por el trabajo de todo el equipo y de los vecinos.
El tiempo acompañó con temperaturas moderadas y cielo cubierto que ayudó a estirar las horas de feria durante el día. Ni siquiera la lluvia del sábado al atardecer impidió que el público permaneciera disfrutando del concierto bajo la carpa. La apuesta por la sostenibilidad dio un salto adelante este año gracias a la presencia de vasos reutilizables, puntos de agua y actividades de sensibilización ambiental, con un puesto de juegos de reciclaje y de compostaje, que convierten a la feria en un ejemplo de evento con conciencia ambiental. Además, se contó con servicio de seguridad especial con las fuerzas de Policía Local y Protección Civil de O Rosal, Guardia Civil y se reforzó el servicio de autobuses para que todas las personas disfrutaran de una fiesta más segura.
La programación fue tan diversa como completa. El viernes se inauguró con un emotivo pregón a cargo de Ziyang Zhang, asesor vitivinícola de la Embajada de China, quien afirmó: “Vengo de un país donde el té es arte, pero he descubierto que en Galicia, y especialmente en O Rosal, el vino también es poesía”. A las catas profesionales y las actividades divulgativas se le sumaron las propuestas musicales para todos los gustos: La Patrulla, Os Bregadiers, Meigallo, Famous Corner o Andhrea and the Black Cats, además de los pasacalles y espectáculos infantiles como “O tranvía Leonardo” o “Pepiña Maruxiña quere voar”. También hubo espacio para el patrimonio, con visitas guiadas al retablo de la iglesia y al Museo do Cabaqueiro, y para la creatividad, con el Escape Room “Segredos entre barricas” y las exposiciones de Berto Franco, Ramón González y el Grupo Filatélico.
Otro de los momentos más especiales del fin de semana fue el nombramiento de los Cabaqueiros y Cofrades de Honra, en el que el homenajeado D. Alfonso Dorado Senra recibió la sorpresa entre aplausos y afecto colectivo. Con ese mismo sentimiento se cerró la feria: con una sonrisa compartida y un brindis que no solo celebra el vino, sino todo lo que representa. Porque, como dijo el propio Ziyang Zhang: “Cuando un vino de O Rosal llega a una copa en Shanghái o en Pekín, no solo se brinda por su sabor: se brinda por Galicia entera”.



