Baiona recurrirá al Remanente para pagar los gastos de luz

El aumento en la factura de la luz no solo asfixia a los ciudadanos, sino que también pone contra las cuerdas a las administraciones locales, que se ven en la obligación de buscar fórmulas para reducir el gasto. Ante la imposibilidad de afrontar el pago derivado de su red de alumbrado, a Baiona no le quedará otro remedio que recurrir a su Remanente mientras estudia como reunir los 2,5 millones de euros que necesita para actualizar más de 5.000 puntos de luz, todavía obsoletos.

Si antes de producirse el incremento el importe anual rondaba los 420.000 euros, las previsiones estiman que al cierre de 2022 la suma ascenderá hasta 1,3 millones que deberá de abonar a la proveedora “Enerxía Galega”, con la que tiene un contrato en precario. En este sentido la suspensión de la regla de gasto les permite garantizar su solvencia, en la actualidad las arcas disponen de 3,8 millones ahorrados y entre los diferentes pagos que deberán de afrontar se prevé que al final del año la cifra se quede en 1,3. Para el alcalde Carlos Gómez es un imperativo comenzar 2023 con un plan B ante el panorama de incertidumbre energético, porque actualmente tan solo el 10% de los puntos de luz cuentan con tecnología led y únicamente sustituyendo el 90% restante lograrían el ahorro de 500.000 euros que tienen marcado como meta.

El siguiente paso será abordar las opciones contractuales con las energéticas para conseguir una oferta ajustada sobre el kw/h. Una de las posibilidades podría pasar por una licitación del servicio. Sin embargo, tampoco es garantía de ahorro, puesto que los precios que ofrecen las compañías están sujetos a las fluctuaciones de mercado.

Gómez abordó el tema durante el desayuno a medios ofrecido durante la mañana de este miércoles y explicó que una de las grandes dificultades en la renovación de la red pasa por la unificación de modelos de los puntos de luz existentes. Entre el centro urbano y las diferentes parroquias conviven 134 variantes y la idea sería reducirlas a menos de media docena, esto permitiría a su vez reducir el mantenimiento. La normalización iría por áreas, es decir, viales, parques, casco viejo, edificios públicos y parroquias. Sin embargo, la medida podría afectar a unos de los signos de identidad de primera línea, las fernandinas de Elduayen. Aunque Gómez no quiso adelantarse, reiteró que “existe una problemática que tenemos que solucionar”.