La Real Academia Galega retomó la celebración presencial del Día de la Poesía con los versos de Bernardino Graña. La institución de la que el escritor forma parte le rindió homenaje en el Auditorio de Nigrán, en un acto en el que estuvo acompañado por otros poetas, amistades, compañeros de corporación y los lectores y lectoras de una obra marcada hondamente por la huella marina. “Como un mascato, Bernardino Graña se yergue sobre el mar para cantar. Es la voz del mar, de las olas, carromeiros, ballenas y orcas, pero también, al navegar sachando en su historia que es la nuestra, es la voz de los marineros que hablan a través de su garganta”, retrató la directora de la Sección de Literatura de la RAG, Marilar Aleixandre, encargada de conducir la celebración.
Los académicos Ramón Lorenzo, Fina Casalderrey y Marilar Aleixandre recitaron versos del homenajeado a la vez que Xosé María Álvarez Cáccamo, Alexandre Ripoll, Lucía Novas, Alexandre Nerium, Marta Dacosta, Héitor Mera y Miro Villar. También participaron en el recitado Rosalía y Navia Franco Barreiro, hijas del académico Xosé Luís Franco Grande (1936-2020), quien había previsto participar en este homenaje pospuesto por la pandemia; y el trío Gelria le puso música a esta fiesta poética organizada por la RAG con el apoyo del Ayuntamiento de Nigrán y la Diputación de Pontevedra.
El presidente de la RAG, Víctor F. Freixanes, abrió el programa junto al alcalde del municipio, Juan González Pérez. Fue un encuentro para celebrar la figura de Bernardino Graña y su obra, “un universo autónomo, construido de tradiciones y palabras, y en el que nos reconocemos”, destacó el presidente de la Academia, que puso también la seña en su vínculo con el mar de las Rías Baixas que lo vio nacer, tan presente en títulos como “Profecía do mar” (1966), “Se o noso amor e os peixes Sar arriba andasen” (1980) o “Sen sombra e sen amor” (2004). “En esta fiesta que nos convoca celebramos el mar y su profecía, reivindicación del mundo que no queremos dejar que se estropee, pues forma parte de nuestra memoria de lo que somos y de lo que queremos transmitir a los que vengan después”, añadió Víctor F. Freixanes.
El legado del amor por la literatura
El elogio de Bernardino Graña (Cangas do Morrazo, 1932) corrió a cargo del académico Xesús Alonso Montero, compañero de pupitre en el año 1943, cuando los dos preparaban el ingreso de bachillerato en el colegio Academos de Ribadavia. Allí el padre del homenajeado impartía clases con un magisterio al que Alonso Montero dijo deberle su decidida inclinación a las letras. Y con solo 11 años, Bernardino Graña hijo “ya preludiaba el discurso original y muy poco convencional con el que nos asombraría, a partir de 1958, con su obra literaria, nombradamente con la poética”. Una producción que también tiene una gran deuda con el progenitor y maestro, quien le aprendió el amor por los libros y “la disciplina de escritor juntamente con la sensibilidad, el gusto, la cultura literaria, la búsqueda de la palabra”, dejó dicho el propio autor en su discurso de ingreso en la RAG.
Él es, prosiguió Alonso Montero, un creador de “musa plural” que va del existencialismo inicial a la poesía civil, “pasando por sus grandes páginas telúricas y otras, entre ellas ciertos poemas infantiles, en versión más o menos subversiva, como los que componen Tres vellas fábulas novas”. El profesor también se refirió a la Profecía do mar como uno de sus títulos imprescindibles. “En ese libro figura el celebérrimo poema “O gato da tasca mariñeira”, sobre lo que Fernando Lázaro Carreter, un sabio filólogo, me escribió una carta abarrotada de elogios y agudas observaciones”, compartió. Estos versos sonaron en el homenaje interpretados musicalmente por Gelria y, en la parte de los recitados, por Ramón Lorenzo, uno de los chicos galleguistas con los que Bernardino Graña compartió experiencias y ansias en el Grupo Brais Pinto en el Madrid de finales de los años 50.
El artista Reimundo Patiño (1936-1985), otro miembro de este colectivo, estuvo de alguna manera igualmente presente en el homenaje, a través del poema “Oda mariña ás forzas de Patiño e Jackson Pollock”, escolmado por Elvira Ribeiro Tobío y leído por Marilar Aleixandre; y también el académico Xosé Luís Franco Grande, quien dejó escrito un recuerdo de Bernardino Graña para la plaquette de esta celebración retrasada desde 2020. En ella recuerda el otoño de 1954, el año en el que se conocieron, aunque ya escribían desde tiempo atrás. Luego Bernardino Graña ya era un poeta conocido, porque publicaba en la revista Alba y había ganado el primer premio de las renovadas Festas Minervais, y el mar era ya “siempre tema de conversación”.
Casi siete décadas después, sigue dejando huella en los lectores y lectoras y en las generaciones de poetas que lo suceden, bebiendo también de su vistazo marino. “La visión telúrica del océano Atlántico que irradia con fuerza en Profecía do mar me marcó intensamente en aquellas primera lecturas de la adolescencia e influyó notablemente en mi primer libro”, confesó Lucía Novas, que escogió para la ocasión el poema “Para a morte de Mark Tobey namentres baño os pés no mar”.
De la poesía a la literatura infantil y la novela y el teatro
Al otro lado de la poesía, la producción literaria de Bernardino Graña, reconocida con numerosos galardones, abarca también el teatro y la narrativa para el público adulto, desde los relatos de “Fins do mundo” (1973) a su primera novela, “Protoevanxeo do neto de Herodes” (2005) -ganadora del Premio Eixo Atlántico-, “A fuga a Exipto” (2016) o los cuentos reunidos “n’Os toliños mariñeiros da Costa da Morte” (2020).
Pero como narrador ha publicado sobre todo obras dirigidas al público infantil, más de una veintena de volúmenes desde que se hiciera con el premio del II Concurso Nacional de Cuentos Infantiles O Facho con “O león e o paxaro rebelde” (Galaxia, 1969).
Miembro de la Real Academia Galega desde el año 2010, el escritor ingresó en la institución, en un acto celebrado en Cangas do Morrazo, con un discurso titulado “Contos populares e Rosalía”.

