Fue en verano pasado que docenas de vecinos de Gondomar decidieron salir a los montes a vigilar para evitar que habían plantado fuego en ellos. Y lo hicieron poniendo un chaleco amarillo como respuesta a la pasividad de los diferentes gobiernos, más preocupados en el “negocio del fuego” que en la prevención… y por ser visible en el monte a kilómetros de distancia, mas también, como un símbolo de rebeldía y compromiso. Pero resulta que el peligro que acecha nuestros montes no sólo es el fuego, con ser lo más “espectacular”, sino que hay otro tipo de negocios tan letales o más que las lapas, como pueden ser la minería a cielo abierto o los propios parques eólicos que hoy amenazan a las Sierras de O Galiñeiro y de A Groba.
“Energía Eólica sí, pero no así. Nos nuestros montes hay otro tipo de valores y riquezas que no pueden ser estropeados en aras de una energía llamada alternativa. Para muchos ciudadanos las energías limpias tienen que sello desde la raíz y con principios éticos, y no un negocio mal disimulado que además de destruir nuestro medio natural, por arriba no deja beneficios allí donde eres instala. No se entiende que llenen Galicia de parques eólicos (cómo en el Franquismo de embalses) y tengamos una de las electricidades más caras de Europa, por poner solo un ejemplo”, lamenta Antonio Araújo.
Para Araújo, los molinos de viento deben ser instalados previo consenso con la sociedad y la comunidad científica, allí donde no estropeen otras riquezas existentes, y para eso igual antes de instalar nuevos parques, hace falta reponteciar los existentes, fomentar y apoyar la autoprodución de energía solar, y obviamente, hacer un uso responsable de todas las energías, también de la eléctrica. “Por nuestra parte seguiremos defendiendo el monte y ayudando a evitar esta nueva agresión”.

