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El maquetista de Camos “tira” el serrucho tras 50 años

Tras casi cincuenta años de afición y una treintena de maquetas a sus espaldas, Feliciano Figueiró, conocido como “el maquetista de Camos”, dice hasta pronto y colgará el serrucho “por ahora” tras haber cumplido 81 años de edad. Asegura que sus facultades no son las mismas aunque a juzgar por la calidad de su última reproducción, se podría decir que todo es relativo. Se trata de la recreación de su casa, una maqueta a la que no le falta todo tipo de detalles y elaborada sobre un plafón de 1,30 metros de largo por 70 centímetros de ancho y 30 de alto. Un conjunto que alcanza un peso total que ronda los 15 kilos. Quizás lo más llamativo de este nigranés son los resultados que consigue con su “método” constructivo ya que como él dice “dos pasos pequeños hacen un metro” y así hace la planta, que después pasa al papel y con las proporciones obtenidas comienza a elaborar los planos sirviéndose también de fotografías.

Lo cierto es que con la trayectoria que este arquitecto a escala tiene tras de sí cuesta creer que realmente se retire. Por sus manos pasaron barcos y puentes o incluso aviones, aunque su fuerte son los edificios colosales ya sean catedrales, concatedrales, iglesias o consistorios. Así pues y gracias a su don para pasar de grande a pequeño fue quién de reproducir el Templo Votivo y el consistorio porriñés, ambos de Antonio Palacios; las catedrales de Santiago, Burgos, León, el santuario de Fátima; la pontevedresa Peregrina, los puentes de Rande y del Milenio; el monasterio de Oia, las torres de Hércules y la de Eiffel, la Sagrada Familia, o la concatedral de Tui son algunas que conforman la lista interminable que figuran entre sus creaciones. Un sinfín de pequeñas obras de arte que entre todas suman miles y miles de horas de minucioso trabajo y de largas conversaciones con la madera, siempre con buen final.

Figueiró explicó que la reproducción de su casa le llevó anormalmente poco, si el tiempo se mide en meses, claro, ya que anteriormente combinaba su hobby con las labores del campo, un hecho que provocaba una dilatación considerable y que en muchas ocasiones se alargaban pasando bien el año. Sin embargo la que acaba de rematar tan sólo le llevó media anualidad a razón de tres horas diarias, lo que supone un total de 540 a base de paciencia, precisión e ingenio. A partir de aquí habrá que esperar para saber si realmente esta será su última maqueta pero una cosa está clara, los resultados conseguidos causan de todo menos indiferencia.

«DOS PASOS SON UN METRO»

Para elaborar las maquetas Feliciano se sirve de sus piernas para interpretar las medidas y proporciones, además de fotografías para hacer los planos. Ya en vereda utiliza un serrucho, un cutter, madera de diferentes grosores, cola de contacto, pintura y pinceles, además de arena fina para simular la rugosidad de la piedra.

DE TODAS ELLAS TAN SÓLO VENDIÓ UNA

De la totalidad de las maquetas realizadas, Feliciano tan sólo vendió la reproducción del consistorio porriñes, y lo hizo al propio Concello por 1.500 euros. Exceptuando las que guarda en su colección particular, el resto fueron donadas aunque todas ellas llevaron consigo un compromiso de mantenimiento formalizado a través de un contrato. Una manera de asegurarse que el producto de horas y horas de incansable trabajo no acabasen en el cubo de la basura. Sin embargo en algunas ocasiones esto no fue suficiente y acabaron con serios desperfectos. Este es el caso de la maqueta del monasterio de Oia, que en la actualidad se encuentra en su iglesia. La ausencia de luz y el exceso de humedad del inmueble ubicado en el complejo eclesiástico están dañando la reconstrucción ante la impotencia de su autor y asegura que de no tomar medidas a tiempo, el monasterio a escala acabará inservible. “Sólo pido que cuiden mis creaciones”, lamentó.