La Nao Victoria, lista para una nueva vuelta al mundo

La Nao Victoria atracó en el Monte Real Club de Yates en la madrugada de ayer, y a media mañana se trasladó al pantalán de embarque de la estación marítima en una maniobra que tuvo que ser retrasada por problemas técnicos en el puerto y poco más tarde, tras instalar la pasarela de acceso, el museo flotante de 28 metros de eslora abrió sus puertas al público. Estará amarrada en Baiona hasta el lunes 25 de junio si las condiciones son favorables, sino es así aguardarán un día más. Su horario de visitas es de 10 de la mañana a 21 horas. Con motivo de su llegada las autoridades locales llevaron a cabo un acto de bienvenida en cubierta.

La villa marinera es la primera parada de las que llevarán a cabo en el norte de España, aunque llevan desde marzo navegando recorriendo una ruta por el mar Mediterráneo y por el sur peninsular en donde recalaron en más de 10 puertos con una tripulación compuesta por 14 marineros. “Empezamos por Alicante y seguimos por Valencia, Torrevieja, Denia, Gandía, Palamós, Puerto de Santa María o Málaga, entre otros”, explicó Álvaro Legaró, el jefe de proyecto de la Nao Victoria. Normalmente esta expedición suele acabar en el norte de Europa pero en esta ocasión, y coincidiendo con el 525 aniversario del Descubrimiento, navegarán solamente por territorio nacional para darse a conocer con el fin de promover la celebración de una serie de festivales relacionados con la hazaña de Elcano, que se desarrollarán a lo largo de 2019. Aunque no lo pudo confirmar oficialmente Legaró adelantó que se está estudiando la posibilidad de repetir la vuelta al mundo de 2004, «es lo que se escucha y en lo que se está trabajando», añadió.

Minutos antes de comenzar las maniobras de aproximación a su actual emplazamiento, Legaró explicó brevemente a este diario lo que supone surcar los mares en un barco de estas características. Pese a que siempre que pueden navegan a vela, la embarcación está dotada de dos potentes motores diesel John Deere de 180 CV cada uno lo que suman un total de 360. Como la mayoría de este tipo de embarcaciones está equipada con velas cuadradas, esto sumado a que carecen de orza (especie de aleta que lleva en la punta un lastre de varias toneladas) provoca que sólo puedan desplazarse en línea recta con vientos portantes. “Era su hándicap pero nosotros lo suplimos con los propulsores”, añadió. La alimentación y el número de personas que comparten espacio está lejos de lo que tenían que soportar en el S.XVI. «Partimos de la base de que tenemos comida fresca y que la tripulación oscila entre los 12 y 16 frente a los 45 de la época”, aclaró. Además los tripulantes dormían en la propia cubierta independientemente de las condiciones meteorológicas ya que las bodegas se destinaban a carga, «vamos que si nos comparamos con ellos esto es un hotel”, añadió. En cuanto a tecnología cabe destacar que está equipada con los últimos avances tanto en radares como sistemas de identificación por satélite.