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La Colegiata de Bayona

Pocos son los monumentos con que cuenta la villa; y entre estos, el más antiguo y el más interesante bajo el aspecto artístico es sin duda alguna la iglesia Colegiata, hermoso edificio románico ojival, clasificado entre los monumentos históricos, que merece se le consagren trabajos de alguna importancia. Es de los pocos templos de España en cuyos muros existen mayor número de figuras simbólicas, propias para hacer un detenido estudio.

La arquitectura que domina en el edificio forma un conjunto heterogéneo, mezcla de renacimiento románico bajo formas góticas, un estilo que desaparece y otro que no osa manifestarse de una manera franca. Verdadero periodo de transición artística que no puede producir obras verdaderamente bellas.

Este antiquísimo templo data del tiempo de antiguo esplendor y poderío comercial de Bayona, y a pesar de las sucesivas restauraciones que ha sufrido, se conserva bastante bien para poder mostrar a las generaciones venideras la importancia y riqueza de un pueblo que tales monumentos erigía.

La Colegiata de Bayona es de tan hermosas proporciones, aunque de un plan sencillo y noble, que haría honor a una ciudad. Su severa arquitectura románica mezclada con ojival, no es de gran mérito; y la masa de construcción pertenece al siglo XIV; pero algunas de sus partes son más antiguas: así, por ejemplo, los tres ábsides puede atribuirse su construcción al siglo XII; el labrado de las piedras, la ornamentación arquitectónica tienen en esta parte del edificio un carácter de transición más pronunciado; no se muestra allí la bóveda; pero la ojiva es robusta y del dibujo más primitivo. El arco de mediopunto domina en el exterior; mientras la ojiva se enseñorea en los arcos del interior.

Hay la tradición que en el lugar en que se edificó la Colegiata existía una antigua ermita de San Cosme y San Damián, que después fue priorato, dependiente de los monjes de Santa María de Oya, los cuales gozaban, por privilegio que les concediera Alfonso VII, señoría sobre el lugar de Erizana o Bayona.

La primitiva iglesia fue construida en el siglo XIII, y la sencillez arquitectónica de las partes que aún subsisten de esa época era especial a la infancia del estilo ojival: y queda así echada por tierra la vulgar opinión de que esta iglesia es obra de templarios; pues entre los signos masónicos de los obreros que levantaron este templo y de los gremios de oficios varios de la villa que contribuyeron a su construcción, no existe parecido al símbolo característico de la misteriosa Orden del Temple.

Los muros de la Colegiata debieron ser construidos por alguna de las antiguas corporaciones de canteros, que vinieron de Alemania a la Península a principios del siglo XIV y que importaron la arquitectura ojival. Sin tener afinidades con la masonería, que más moderna que dichas asociaciones, tomó de éstas algunos ritos; formaban dichos canteros una sociedad que tenía otras afinidades secretas con otras florecientes en la Edad Media.

Aún perdura entre los canteros y picapedreros de Galicia la tradición de esas poderosas asociaciones secretas, que hasta tenían un lenguaje especial y simbólico, de que aún hacen uso hoy a principios del siglo XX los modernos canteros.

Se sube al frente a la fachada lateral del norte por unos amplios escalones de losas de granito, que terminan en un extenso atrio rodeado de un parapeto de sillares que circunda esta parte de la Colegiata. En esta fachada lateral se abre una puerta románica que da acceso a la iglesia. Sobre esta fachada norte ha sido construida probablemente a principios del siglo XV la ancha torre cuadrada románica que sirve de campanario, con dos grandes ventanales por cada lado y rematada por una pirámide achatada de piedra sin adorno, pero de gusto ojival.

El estilo de ornamentación, el corte de las ventanas, la forma de las ojivas, los festones que las circundan, todo en la decoración de la fachada lateral norte anuncia el siglo XV. El resto del edificio es un poco confuso y demasiado sencillo en ornamentación. Sin embargo, la cornisa de la parte exterior del templo hasta la fachada principal están decorados sus modillones con figuras grotescas de piedra, camafeos, bichos, monstruos fabulosos y otras representaciones extrañas con que solían poner de relieve los arquitectos de la Edad Media los vicios; llamando entre ellos la atención, la reproducción de un ave gigantesca devorando una rana sujeta con sus garras.

Los anchos canalones que de trecho en trecho sobresalen del cornisamiento representan toscamente quimeras, dragones alados y otros animales fabulosos, dibujados y esculpidos en el granito con una franqueza y atrevimiento inconcebibles en el artista.

La fachada principal, situada al oeste, debió haber sido restaurada en el año de 1316, como lo revela la inscripción situada en uno de los sillares al pie de la torre pequeña, que dice A:M:CCCXVI:MSNBS -que es año de 1278.

Un pórtico de tres arcos forma un cuerpo saliente en la fachada y cobija una ancha puerta de mediopunto con tres archivoltas, ornamentada con grandes hojas. El tímpano de esta puerta, denudo, contendría probablemente un grupo representando la Anunciación de la Virgen, que es la titular advocación de esta iglesia, y que los luteranos ingleses u otros vándalos han destruido, no sólo el tímpano del portón, sino todas las figuras que había a su alrededor. En la Colegiata de Bayona, lo mismo que en la Catedral de Tuy, el pórtico de honor o entrada principal está precedida de un vestíbulo cubierto llamado narthex. En la antiguo liturgia, el baptisterio estaba antes bajo este soportal. Era una lugar de espera y de perdón: la antesala en la cual esperaban antes de ser admitidos a penetrar en el santuario los peninentes y los neófitos.

Pero si el pórtico está despojado de todo lo que le adornaba, si ha perdido su interés arqueológico, produce en compensación el efecto más pintoresco en el atrio desierto, entre las junturas de cuyas losas crece la hierba, y en el extenso campo de Santa Liberata, en que está en carácter esta fachada inacabada. Desearía poseer el pincel delicado, el colorido misterioso de un gran pintor, para reflejar en el lienzo el efecto de este monumento.

En dintel de esta puerta principal descansa sobre los remates, que representan: el uno, una cabeza de buey; y el otro, la cabeza muy borrosa, que no se sabe si figura la de un caballo, como se ve en la Colegiata de la Coruña y en la Catedral de Tuy. A cada lado de la puerta grupos de tres columnas con los capiteles coronados con hojas de acanto, y sólo en una aparece esta simbólica ave gigantesca el pelícano, que sujeta con las garras una rana o sapo. El pelícano debe ser el ave representada, pues es simbólica en el Catolicismo. Esta representación del ave es tan importante, que se repite este simbolismo en uno de los curiosos modillones de la cornisa.

El rosetón con delicadísimas molduras encima del pórtico da luz a la nave principal; es sencillo y sólo lo adornan algunas pequeñas bolas formando un cordón de pequeñas rosáceas talladas en la piedra sin molduras salientes, y sólo una sencilla, denominada billetes, tan comunes en las Catedrales de Santiago y de Tuy. Este género de ornamentación es propio en los monumentos de transición; sucede a las cabezas de clavos y de diamantes, a los palos rotos, a los dientes de sierra y otras decoraciones del estilo romano o bizantino, y precede a las florecillas, las palmas, los tréboles y las hojas salientes, que pertenecen a las construcciones de género ojival. En el piñón el cordero pascual, que soporta una cruz de gusto ojivo.

Dos grandes contrafuertes a ambos lados de la fachada principal, cuyos cubos se elevan hacia arriba del edificio, eran el principio de dos torres pequeñas que no llegaron a construirse.

Publicado en “Bayona Antigua y Moderna” de José de Santiago y Ulpiano Nogueira (1902).

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