Nigrán estrena un corto documental sobre Carmen Rial, una emigrante de Chandebrito

El Concello de Nigrán estrena este domingo 12 de abril a las 19:00 horas en la plaza del lavadero de Chandebrito el corto documental “Carmen Rial Rodríguez. Historia dunha emigrante de Chandebrito”, encuadrada en la iniciativa municipal “Nigrán na memoria” y que engrosará el Archivo Histórico Audiovisual del municipio. En esta ocasión, la camarógrafa miñorana Cris Grande entrevista a esta vecina de 92 años que, transcurridos 73 años de su vida en Montevideo, decide en octubre de 2025 regresar a su casa natal de Chandebrito con la idea de cerrar en su tierra su periplo vital. El retorno supone inicialmente un bálsamo para Carmen, viuda y muy afectada por la muerte tres años atrás de su única hija. Sin embargo, transcurridos los meses, las inseguridades y las incertidumbres crecen en ella porque, en definitiva, su corazón está dividido entre dos patrias y en ninguna de ellas encuentra el verdadero sosiego.

“La Historia de Carmen es la Historia de miles de gallegos que marcharon y que no perdieron el amor a su tierra”, explica el alcalde, Juan González, quien insiste en que el objetivo de grabar a Carmen es mantener vivo el recuerdo de la emigración en el municipio. “Su testimonio es común a la gran mayoría: emigraron porque la vida en el rural en la posguerra era verdaderamente dura, con pocas perspectivas de futuro, y en Sudamérica sabían por otros vecinos o familiares que abundaba el trabajo y, por tanto, había esperanza”, comenta.

Carmen tenía 19 años cuando decidió emprender sola el camino que antes había tomado su padre y muchos otros vecinos de la parroquia y de todo el municipio. Ella era huérfana de madre desde los 3 años y desde los 11 años vivía independientemente en Chandebrito contando con la ayuda de sus tíos. “Aquí tuve una vida muy dura. Mi madre murió en un parto, después mi padre volvió a casarse y pronto volvió a enviudar, después él marchó… fue una vida dura”, recuerda. El día que emigró, en 1953, quedó para siempre grabado en su retina: “Muchas lágrimas de tristeza y felicidad al mismo tiempo, la gente joven salió a acompañarme y cantaban por el camino la copla de ‘Adiós, mi España querida’”, rememora Carmen junto a su querida prima. “Aun hoy me parece que estoy viviendo ese mismo día, no se me borró más, y fíjate, ahora acabamos la vida de esta manera, juntas pero yo ya muy vieja. Yo nunca le dije que no marchara, no era capaz, pero yo no quería que se fuera, mucho lloré ese día, moriré con esa pena”, dice entre lágrimas Rosa. Desde aquella pasaron 25 años hasta que Carmen pudo regresar de vacaciones y volver a ver su aldea, de aquella aún sin pavimento.

Lo cierto es que la vida para Carmen mejoró mucho en Montevideo, al poco de establecerse, a través de contactos de otros emigrantes, pronto consiguió trabajar en un laboratorio para después casar con un compañero uruguayo y dedicarse a la crianza de su hija. “Tuve muy buena vida allí, tuve todo, y tengo unos nietos y un yerno maravilloso, pero lo que me falta es mi hija”, dice con tristeza. “Cuando ella murió la casa se me cayó encima y comencé a preguntarme qué hacía allí en Montevideo, sin ella, aún sabedora de que todo lo tenía allí. Así fue cuando empecé a considerar el retorno y, a día de hoy, ya aquí, no estoy segura de nada”, confiesa Carmen, que después de todo, en unos días volverá a partir a Montevideo, quien sabe si definitivamente o no.