La CIG-Industria apuesta por intensificar la lucha y la acción sindical en las empresas y en la calle para hacerle frente a la crisis que atraviesa el sector y demandar de la Xunta de Galicia un plan industrial que garantice el futuro de las actividades clave. Alrededor de 600 personas delegadas se movilizaron hoy en Vigo tras participar en una asamblea nacional de la federación en la que se analizaron las principales problemáticas de empresas y sectores de las cuatro provincias gallegas.
Durante el encuentro que tuvo lugar de 10:00 a 11:30 horas en el Centro Cultural y Vecinal de Valladares bajo el lema “Sin industria no hay país. Sin lucha no hay derechos” tomaron la palabra representantes de la central sindical en empresas como Alcoa, Iberdrola, GKN, Circet, Maessa Naval, UNVI, Aludec o XEAL, que explicaron la situación laboral y la conflictividad. También se abordó el estado de las negociaciones de los convenios del metal de las provincias de Pontevedra y de A Coruña.
En todos los casos, el principal reto es hacer frente a las pretensiones de las direcciones y de las patronales de empeorar las condiciones de trabajo y trasladarle a la parte social las consecuencias de la escalada bélica. Por lo que, frente a la actual carestía de la vida motivada por el contexto internacional, se apeló a la necesidad de blindar el poder adquisitivo en los convenios colectivos mediante cláusulas de revisión salarial que no estén limitadas ni topadas.
También se incidió en la necesidad de reforzar la presencia de la CIG en todo el sector para contrarrestar el “entreguismo” que practican las centrales estatales CCOO y UGT, tal y como se evidenció en los distintos conflictos y negociaciones que se repasaron a lo largo de la asamblea.
La intervención final corrió cargo del secretario nacional de la CIG-Industria, Marcos Conde, que situó entre los principales defectos del sector la falta de capacidad de planificación propia y que se encuentra expuesto a decisiones ajenas. Un modelo industrial que -denunció- cuenta con la colaboración activa de las instituciones que deberían defender los intereses del país. “La Xunta lleva años ejerciendo un papel de mero transmisor de las políticas del capital, renunciando a su responsabilidad de impulsar un modelo industrial propio. En consecuencia, seguimos sin un plan industrial para sectores clave. En el automóvil, lo que se presentó fue básicamente una bolsa de subvenciones para las empresas, sin una estrategia definida ni garantías de futuro. En el naval, se aceptaron reconversiones que supusieron pérdida de empleo y capacidad productiva, para después asumir el discurso de la patronal de que falta personal”.
De igual manera, en el ámbito energético esta situación de dependencia “es aún más clara”, ya que nuestro país produce energía pero no decide sobre ella. “No existe una planificación orientada a las necesidades del país ni al desarrollo industrial. Lo que hay es la continuidad de un modelo en el que se nos asigna un papel extractivo y subordinado”.
Frente a esto, apeló a la necesidad de contar con capacidad de decisión para definir políticas industriales, energéticas, laborales y económicas en función de la realidad gallega. “Y eso incluye recuperar aquí la negociación colectiva, como herramienta fundamental para defender condiciones de trabajo dignas”.
Porque la negociación colectiva estatal ahonda en este problema. “La única opción que tenemos es conseguir convenios gallegos para frenar la precarización y ser garante de una capacidad real de cambiar y mejorar nuestras condiciones. Asistimos a un empeoramiento de la negociación colectiva por la complicidad de CCOO y UGT en la proliferación de convenios estatales que empeoran claramente nuestras condiciones laborales”.
En este contexto, para Conde cobra especial importancia el trabajo desarrollado por las personas delegadas de la CIG-Industria, “un trabajo que permitió consolidar la presencia, aumentar la representación y reforzar la capacidad de intervención en los centros de trabajo. Hay avances, y son fruto del esfuerzo colectivo”.
Con todo, quiso dejar claro que la acción sindical no se limita al centro de trabajo. Porque las condiciones de vida de la clase trabajadora están ligadas también a la vivienda, a la sanidad, a la enseñanza pública, a los servicios sociales o a la defensa de la lengua. “La respuesta debe ser, por lo tanto, global”, finalizó.

