Naiara, Máximo y Alicia descubrían en las últimas horas cómo funciona un pulmón con un modelo realizado con globos y pudieron ver una fuente de agua elaborada con dos botellas y unas mangueras que funcionan gracias a la acción de globos inflados. Ellos mismos también llenaron un vaso con leche y colorante, que luego desapareció al introducir un bastoncillo con una gota de jabón y experimentaron y aprendieron de manera divertida conceptos relacionados con la tensión superficial, el flujo laminar, la densidad o la viscosidad, a través de experimentos como una grúa hidráulica accionada con jeringas o un coche propulsado por aire.
Naiara, Máximo y Alicia son los tres primeros pacientes pediátricos del Hospital Álvaro Cunqueiro que este curso participarán en el proyecto “Aprender jugando en un hospital”, coordinado por el docente e investigador del Departamento de Ingeniería mecánica, máquinas y motores térmicos y fluidos de la UVigo Eduardo Súarez Porto, en colaboración con Christian Gil, Jesús Vence y Marcos Conde, todos docentes de la Escuela de Ingeniería Industrial e investigadores del CINTECX, y también investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur. “Aprender jugando en un hospital es un proyecto de Aprendizaje por Servicio (ApS), reconocido en la Convocatoria de Proyectos de Aprendizaje-Servicio 2025/2026 en el marco de la Agenda 2030 y de sus ODS”, explica Eduardo Suárez, que destaca que tras cinco años desarrollando esta actividad, este año se firmó un acuerdo de colaboración estable entre la UVigo y el SERGAS.
Alumnado que se convierte en profesorado que aprende jugando
Cerca de 50 estudiantes de 3º curso de la materia Mecánica de Fluidos del Grado en Ingeniería Biomédica participarán este curso en el proyecto, que se centra en mostrar y realizar experimentos con pacientes pediátricos del Hospital Álvaro Cunqueiro.
En la primera sesión, celebrada este lunes en el aula hospitalaria del centro médico vigués, nueve estudiantes amenizaron al tiempo que enseñaron experimentos vinculados con la mecánica de fluidos a tres pacientes pediátricos, que también tuvieron la oportunidad, junto al alumbrando de la UVigo, convertido en su profesorado, de “construir entre todos, con agua, aceite, una pastilla efervescente y un poco de colorante una lámpara de lava. Fue uno de los experimentos que más gustó, que nos pidieron que se repitiera y que les permitió llevarse a cada uno su propia lámpara de lava construida por ellos mismos”, detalla Eduardo Suárez.

