“No consintamos el mínimo abuso ni físico, ni laboral, ni psicológico”

Cumplida ya una semana del asesinato de la compañera del SAF de O Porriño, Teresa de Jesús y aún estamos en shock muchas de las que compartimos labor profesional con ella. Son muchas las palabras de ánimo recibidas por lo sucedido, pero muy pocas las acciones de los organismos competentes para evitar que este lamentable hecho pueda repetirse, y que el asesinato a sangre fría de una trabajadora del SAF mientras realizaba su trabajo de ayuda a una persona dependiente en sus labores diarias.

Esta desgracia es el desenlace de lo que muchas hace tiempo venimos avisando y advirtiendo que podía suceder, muchas de las que diariamente nos enfundamos nuestros uniformes de trabajo y dejamos nuestra vida y problemas en nuestros coches o mochilas y afrontamos nuestro trabajo con ilusión, fuerzas y ganas de mejorar la vida de aquellas personas a quienes tenemos que ayudar con nuestra gratificante labor en lo humano, pero tan denostado, olvidado y castigado en lo laboral.

Son muchas las personas usuarias que con su cariño y sonrisa nos lo agradecen, al igual que muchas familias que nos lo ponen más fácil y nos dan su reconocimiento para hacernos sentir una más de sus familia; pero lamentablemente también nos encontramos solas en situaciones muy difíciles en las que nuestra integridad física y psicológica se encuentra en las manos de mucho ser desagradecido que se cree con derechos sobre nosotras, sobre nuestra labor y pretende excusarse en él para abusar de nosotras con la total impunidad que eso les supone, ya que la mayoría de las víctimas, lo único que reciben de sus empresas -que deben velar por la integridad física y anímica de las personas trabajadoras- es la respuesta típica: renuncia al servicio, intenta aguantar mientras no encontramos quien te cubra… Esa es la excusa más empleada, la solución a la que más se recurre, cambiar la cara y nombre de las auxiliares, pero no atajar el problema de raíz que es la falta de respeto y humanidad del agresor, quien abusa de nuestra soledad y profesionalidad del servicio para abusar física, psicológica o laboralmente.

El dinero que pagan por nuestros “servicios” es lo primordial, somos carne de cañón y padecemos abusos ante la impunidad de las empresas concesionarias que además, pasando por encima de la ética y de nuestros derechos y sin pizca de humanidad, muchas veces silencian los graves problemas que los SAF y sus auxiliares sufrimos para quedar bien delante de los Concellos pertinentes y de sus asistentes sociales con tal de seguir llenando sus bolsillos y consolidando “su buena labor y satisfacción de los familiares” sea el coste que sea y pasando por encima del bienestar y seguridad incluso de las personas que realmente ponen la cara y el cuerpo para realizar el servicio in situ y pisando y burlándose de sus derechos y de la humanidad y reconocimiento que por el simple hecho de facilitar la vida de los más necesitados mereceríamos.

A la Xunta, Concellos y demás Organismos les pediría como auxiliar, como profesional sanitaria de un servicio esencial como es el SAF, que se dejen de brindis al sol, de palabrerío barato y que en vez de secundar o convocar minutos de silencio los eviten, al igual que los abusos, bien sean físicos o psicológicos.

Las agresiones verbales, físicas y el maltrato psicológico son también preocupantes y deberían ser motivo de protestas, concentraciones y acciones inmediatas como retiradas de servicios o castigo para los abusadores de las compañeras.

Se llenan la boca diciendo que la solución sería ir a comisarías y denunciar… ¿en serio? A una trabajadora a quien le pegan, insultan, maltratan psicológicamente con el menosprecio a su trabajo y a su capacidad profesional le piden que saquen fuerzas para ir a una comisaría cuando ya nos esforzamos en intentar contárselo a quien debería defendernos en las empresas y no solo no lo hacen, sino que insinúan que la culpa es nuestra y nos piden que aguantemos o cuando no echan mano del recurso más empleado, que es dudar de nuestra capacidad profesional.

Muchas de las compañeras además de lo vocacional emplean su puesto de trabajo como sustento principal de sus hogares y de sus familias y tienen miedo a perderlo, y por eso aguantan los chantajes crueles de las empresas que ofrecen servicios en los SAF y que mayormente juegan con ese miedo y carecen de sensibilidad y escrúpulos y solo les importa una cosa, el poder y el dinero.

Las autoridades si realmente quieren cambiar las cosas, insten a reuniones para actualizar y renovar nuestro anticuado en todos los aspectos Convenio y doten los servicios del SAF de protocolos y fórmulas que garanticen nuestra labor y le den la seguridad que nos haga estar protegidas ante los peligros que sufrimos en los domicilios y con personas conflictivas.

DE NADA SIRVE SUSPENDER Y CANCELAR SERVICIOS SI DESPUÉS DE UN TIEMPO SE INTENTAN REANUDAR SIN LAS EVALUACIONES PERTINENTES.

A VOSOTRAS COMPAÑERAS, PENSAD QUE CUALQUIERA DE NOSOTRAS PUEDE SER TERESA. SI LAS COSAS NO CAMBIAN, CUALQUIERA DE NOSOTRAS PODEMOS DEJAR NUESTRA VIDA EN ALGUNA CASA Y EN LAS MANOS DE ALGÚN USUARIO O FAMILIAR QUE SE CREA CON PLENO DERECHO A DECIDIRLO EXCUSÁNDOSE DESPUÉS EN UNA MALA SITUACIÓN PSICOLÓGICA.

NO CONSINTAMOS EL MÍNIMO ABUSO NI FÍSICO, NI LABORAL, NI PSICOLÓGICO Y LO PONGAMOS EN CONOCIMIENTO DE LOS ENLACES SINDICALES Y POSTERIORMENTE DE LA EMPRESA Y CONCELLOS SI ASÍ FUERA PRECISO. SOLO EN NOSOTRAS ESTÁ PODER HACERLO.

SINO POR NOSOTRAS, HAGÁMOSLO POR NUESTRA GENTE, COMPAÑERAS, Y PORQUE EL CRUEL ASESINATO DE TERESA NO SE REPITA Y NO FUERA MOTIVO PARA CAMBIAR Y MEJORAR LAS COSAS QUE SERÍA NUESTRO MEJOR HOMENAJE.

JUNTAS SÍ PODEMOS

Patri Pampillón Vila
Trabajadora del SAF