Carmelita dedica su último mosaico a los Padres Franciscanos de Vilariño

Este viernes se inauguró el último mosaico de Carmen Souto Vidal, vecina de Vilariño que cuenta en su jardín con más de 50 metros cuadrados de paredes decoradas a base de paciencia e improvisación, trozos de azulejos, martillo y tenaza, mucha intuición y miles de horas a sus espaldas. A este último, el primero que se encuentra en la parte exterior del muro que rodea su casa, le dedicó casi un mes, y está hecho “en recuerdo de los Padres Franciscanos”.

En él podemos ver el convento en el que vivieron durante décadas y a su patrón, San Antonio. Precisamente en el día de su festividad, este viernes, se acercó al lugar el párroco de San Pedro de A Ramallosa, Xosé Manuel Lence García, para bendecirlo. También acudió el alcalde de Nigrán, Juan González, además de familiares, vecinos y amigos, a los que al finalizar invitó a una pequeña merienda.

“Una noche pensé tanto en San Antonio que dije, voy a poner a San Antonio. ¿Y dónde lo pongo que no tengo sitio?, pues lo voy a poner en la carretera para que todos los vecinos lo vean, y voy a poner la capilla también y todo”, comentó Carmelita, a la que la pasión que tiene por los mosaicos le viene de lejos, en concreto desde finales de los 90, pero no fue hasta 2013 cuando se lanzó a materializar todo lo que había fraguado en su cabeza.

Como fundadora junto a su marido de una empresa de construcción, el acopio de cerámicas vidriadas era tarea sencilla y durante años almacenó muestras que hoy sigue utilizando ya jubilada. El resultado, una auténtica obra de arte que llena de colorido su jardín y no hay un solo día, más de 10 años después, que no se siente delante de sus creaciones para darles una vuelta.

Están las tres carabelas, un mapa de España, el tranvía Ramallosa-Gondomar, el puente románico, el pazo de Mendoza, la Isla de Tali, hórreos gallegos y asturianos, todo tipo de animales incluso elefantes, flores, gaiteiros, hasta el coronavirus en dos de sus versiones, los nombres de todos sus nietos, la iglesia de Santa Cristina de A Ramallosa, la Virgen del Carmen, un pequeño pueblo ambientado en Lugo, aviones, el arco iris o la luna.

La técnica de Carmelita está muy depurada, pero no por eso da menos trabajo. Primero rompe los azulejos de distintos colores y luego sobre una planchuela elige los fragmentos que mejor le encajen en función del motivo. Si no encajan los aproxima cortándolos con unas tenazas, hace una mezcla de cemento cola y los fija con un leve toque de martillo. Una vez que tiene un trozo completo cubre las uniones con una lechada de rejuntado como relleno. Para que no se manchen los trozos los limpia cuidadosamente uno por uno con un paño. En las zonas en donde un mismo color prima utiliza tintes para teñir la masilla y de esta forma le da más uniformidad.