Bienqueridos/as hermanos/as:
“Hoy en la Iglesia resuena finalmente el aleluya, se transmite de boca en boca, de corazón a corazón, y el su canto hace llorar de alegría al pueblo de Dios en todo el mundo”.
Con estas palabras iniciaba el papa Francisco su mensaje Urbi et orbi en la mañana de Pascua. Nos incidía en el anuncio de la Resurrección del Señor y en nuestra esperanza regalada por Cristo.
En esta mañana recibimos con tristeza la noticia de la muerte del papa Francisco. Sabíamos de la debilidad que estaba viviendo desde que ingresó en el Hospital, pero en todos nosotros latía el deseo de su pronta recuperación para seguir guiándonos con su palabra y gestos. Si ayer las lágrimas eran de alegría, como nos decía el papa, hoy son de tristeza esperanzada. Proclamamos una vez más nuestra fe en la Resurrección del Señor y en la vida nueva que Él nos trae. Exclamamos también ahora: Cristo, nuestra esperanza, ¡resucitó!
Bendecimos a Dios por el regarlo que nos hizo en el papa Francisco y damos gracias por su palabra, por su sencillez, por tantos gestos hondamente evangélicos y por hacernos más próximos a Cristo vivo, presente en el mundo y en la Iglesia a la que tanto quería, y a la que tan bien sirvió. Agradecemos toda su existencia y su testimonio, su entrega y su amor; confiamos que el Dios de la Vida lo acoja con un abrazo lleno de ternura.
Os invito a que, en todas las parroquias y comunidades diocesanas, también en la oración personal de cadaquién, elevemos una oración agradecida por su eterno descanso, confiando en la compasión de Dios, que todo lo puede. A nivel diocesano, tendremos más adelante y ya lo comunicaremos, la celebración de la Eucaristía por su eterno descanso en la catedral de Tui y en la concatedral de Vigo. Pidamos, en este momento, por cantos formamos la Iglesia. Nos decía ayer el papa: “los que esperan en Dios ponen sus frágiles manos en su mano grande y fuerte, se dejan erguir y comienzan a caminar; junto con Jesús resucitado se convierten en peregrinos de esperanza, testigos de la victoria del Amor”. Caminemos en esperanza ahora y siempre. No perdamos nunca esta esperanza, porque Cristo resucitado es el fundamento de esa esperanza.
Señor, acoge a nuestro papa en tu amor y ternura, que brille para él la luz eterna.
Vuestro amigo y hermano
+ Antonio Valín
Obispo de Tui-Vigo

