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Recomiendan llevar a los más pequeños al podólogo antes de comprar el calzado escolar

El Colexio de Podólogos de Galicia (COPOGA) recomienda en la vuelta al cole que los padres y madres lleven a sus hijos a la consulta de un profesional de la podología para comprobar el estado de salud de los pies tras las vacaciones y asegurarse que no han estado expuestos a virus como verrugas plantares o hongos tan comunes en verano, así como cualquier otra anomalía podológica.

Los podólogos y las podólogas son capaces de comprender a la primera esas frases que se escuchan muchas veces en boca de los padres: “El niño es patoso”, “no le gusta jugar”, “camina con los pies hacia adentro”, “desgasta mucho el zapato”, “va de puntillas” o “se cansa al caminar”. Para dar respuesta a todas estas cuestiones, los podólogos disponen de los conocimientos y los instrumentos adecuados en su consulta para diagnosticar y comprobar si los siguientes síntomas son alarmantes o forman parte del desarrollo normal del menor: El niño se cae con frecuencia, muestra apatía por los deportes o se cansa al caminar; se descalza a menudo; camina con los pies hacia dentro, de puntillas…; se queja de dolor en piernas y pies; o sus uñas o su piel no tienen un aspecto normal.

Las 10 enfermedades más frecuentes en el pie infantil

  1. Uña incarnada, provocada muchas veces por el uso de calzado demasiado pequeño durante la infancia o por el mal corte de las uñas.
  2. Verrugas plantares (papilomas)
  3. Pie de atleta/micosis
  4. Exceso de sudoración
  5. Pie plano valgo infantil
  6. Dedos superpuestos/montados
  7. Juanete/ hallux valgus juvenil
  8. Marcha en aducción (camina con los pies hacia adentro)
  9. Metatarso aducto
  10. Afectación de los cartílagos de crecimiento (enfermedad de Sever, también conocida como apófisis calcánea, es una inflamación dolorosa de la placa de crecimiento del talón y es una de las causas más comunes de dolor de talones en niños. Se suele presentar en un niño de entre 8 y 14 años).

Trucos para la compra de calzado infantil

Antes de comprar el calzado escolar, el COPOGA aconseja acudir a la consulta del podólogo o la podóloga para recibir información sobre el calzado más adecuado según la forma de su pie y su biomecánica. No son raras las deformidades de dedos, uñas o de la marcha provocadas por la utilización de un calzado infantil incorrecto. Si bien es cierto que el tipo de calzado varía según la edad, el tipo de pie y la actividad para la cual se vaya a utilizar, hay unas características básicas que debería cumplir el calzado que se elija para la vuelta al cole:

  • Material de confección blando y flexible.
  • Suela fina y recta, que flexione a nivel metatarsal.
  • Con sistema de sujeción, cordón o velcro.
  • Puntera amplia.
  • Horma recta⁠.
  • ⁠Palmilla sin elementos anatómicos y preferiblemente que sea extraíble para facilitar la elección de la talla.
  • La elección de la talla: desde el dedo más lago debe de sobrar aproximadamente 1cm.

Otras recomendaciones del COPOGA son el uso de calcetines de algodón u otras fibras técnicas que permitan una buena transpiración; no acudir al colegio con el calzado de las actividades extraescolares, como las botas de fútbol sala o baloncesto, entre otros calzados específicos para deportes, ya que suelen tener una horma estrecha, suela fina, y material artificial que puede afectar al pie con un uso continuado; no es aconsejable utilizar el calzado del curso anterior o heredado. En este punto, el COPOGA señala que los pies de los niños crecen entre siete u ocho milímetros cada tres meses y antes de empezar el cole hay que comprobar que el calzado no les esté pequeño. Unos dedos de los pies comprimidos, aunque no duelan, pueden generar lesiones y modificaciones de la marcha. “Heredar zapatos, pasando de unos a otros hermanos o entre familiares o amigos no es lo más aconsejable. La pisada de cada persona es diferente y compartir calzado con cierto desgaste puede distorsionar la misma” –destacan los podólogos–; no se debe comprar un calzado más grande de lo necesario para que le dure todo el año. El niño andará incómodo, lo que puede generar rozaduras y una marcha inestable por más que el zapato se apriete en el empeine; otro error frecuente es comprar el calzado solo atendiendo a su precio, “porque les va a durar poco”. Hay que pensar que al comprar un buen calzado estamos haciendo una inversión en el desarrollo correcto del pie del niño; hay que tener cuidado con las modas y con dar prioridad a la estética sobre la salud. El calzado con ruedines debe considerarse como un juguete y no como un calzado con el que acudir al colegio. Su uso debe estar limitado, como máximo, a una o dos horas a la semana. Pueden ocasionar problemas por la altura de su tacón, peso excesivo e inestabilidad. Las manoletinas o bailarinas no son el calzado más adecuado, ni los zapatos con plataforma que han puesto de moda algunas cantantes con mucha influencia entre niñas y adolescentes; es recomendable que en casa los pies estén libres, y es suficiente utilizar un calcetín antideslizante o zapatilla de casa; si el niño lleva plantillas si es aconsejable su uso continuado, incluso cuando está en casa.