La primera semana de agosto se conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna. En este contexto, Sara Rivas Pereira, nutricionista del Hospital Vithas Vigo, ha puesto de manifiesto la importancia de que la madre consuma frutos secos y pescados azules para garantizar el aporte de ácidos ricos en omega-3 a la leche materna durante la lactancia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la lactancia materna una de las mejores formas para asegurar la alimentación y salud de los niños, que aporta beneficios tanto a los bebés como a las madres.
La leche materna protege de múltiples enfermedades, favorece el desarrollo del sistema inmunitario desde el primer día, lo que les permite protegerlos de múltiples enfermedades, además de prevenir el sobrepeso en la infancia y propicia el correcto desarrollo mandibular, entre otros. Además, a la madre le supone un factor protector ante los cánceres de ovario y de mama, y tiene un evidente beneficio económico al ser gratuita.
El calostro (la primera leche que produce el pecho de la madre tras cada parto) está compuesto principalmente de proteínas e inmunoglobulinas, que ayudarán con el crecimiento los primeros días y protegerán al bebé ante los agentes patógenos externos. Dura alrededor de 3-5 días, y deja paso a la leche de transición, que es una leche con mayor contenido en grasas e hidratos de carbono (básicamente lactosa) y que se mantiene aproximadamente hasta el día 10-15, en cual hace el cambio definitivo a la leche madura, rica en lactosa y seguida de grasas y proteínas.
Al igual que sucede durante la gestación, la fuente de alimentación del bebé es la madre. Por tanto, la alimentación de la madre puede influir en la del bebé, aunque, tras el parto, ya no resulta tan determinante.
De hecho, la composición de la leche materna prácticamente no varía con la alimentación de la madre, al igual que la cantidad, excepto en casos de desnutrición severa o patologías muy específicas como, por ejemplo, una hipogalactia primaria, causada por algunas condiciones tales como la hipoplasia mamaria, que puede determinar la cantidad de leche.
Aun así, dentro de los macronutrientes presentes en la leche materna (hidratos de carbono, proteínas y grasas) la nutricionista del Hospital Vithas Vigo, Sara Rivas Pereira, señala que “es cierto que la variación más grande y que sí hay que vigilar es en los lípidos, y de ahí la importancia de asegurar un buen aporte de grasas en la alimentación de la madre que da el pecho, centrada en una ingesta adecuada de ácidos grasos tipo omega-3, que se encuentran, principalmente, en pescados azules y frutos secos”. Los hidratos de carbono son el componente menos variable, y las proteínas cambian, pero de forma fisiológica, es decir, van disminuyendo con la progresión de la lactancia, explica Rivas Pereira.
En este contexto, la nutricionista del Hospital Vithas Vigo recomienda asegurar el correcto aporte de Omega-3, vitaminas A, C, D, E, ácido fólico (B9) y los minerales cromo, cobre y yodo, “ya que son necesarios para suplir las necesidades de la madre que amamanta”. Para poder llegar a los requerimientos de todos ellos “debemos asegurar una adecuada ingesta de alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, además de una dieta rica en frutas y verduras, cereales y pescados, que es donde se encuentran la mayoría de estos micronutrientes”.
Paso de sustancias y sabores a la leche materna
Sara Rivas sostiene que “muchos sabores pasan” también a la leche materna, “por lo que el bebé puede notarlos”. Esto es beneficioso de cara a la introducción de la alimentación complementaria, “ya que aunque sean nuevas texturas, estaremos introduciendo sabores que el bebé, en cierta forma, ya conoce”.
Además, resulta beneficioso para que la dieta de la madre sea “variada y equilibrada, rica en vegetales y frutas, favoreciendo que el bebé acepte correctamente los nuevos alimentos”.
Sin embargo, este proceso tiene otra cara de la moneda. “El paso de nutrientes y otras sustancias, como el alcohol, algunos fármacos o moléculas tales como las proteínas de vaca que ingiere la madre, también pasan a la leche materna”. Por eso, durante la lactancia está desaconsejado tanto el consumo de alcohol como el tabaco.
En el caso de la proteína de la leche de vaca “se ha investigado que, en niños alérgicos a la misma que estén siendo amamantados, la exclusión de dicha proteína de la dieta de la madre es esencial, ya que esta pasa a la leche materna y puede ocasionar malestar en el bebé”. Por tanto, no sólo sería bueno restringir, en estos casos, la leche de vaca, sino también sus derivados como queso o yogures. “Por esta razón, si notamos que el bebé rechaza el pecho después de tomar lácteos, deberíamos comentárselo al pediatra”, aconseja la nutricionista de Vithas Vigo.
Además, hay que tener en cuenta que otras sustancias como hierbas medicinales o medicamentos también pueden pasar a la leche, por lo que es conveniente consultar con profesionales durante la lactancia.

