Viene de publicarse un estudio sobre los movimientos migratorios de las ballenas entre el Mediterráneo y el Atlántico en el principio del Pleistoceno, en base al estudio del crecimiento de la concha de los cirrípedos epibiontes que presentan algunas ballenas (ver foto). Este trabajo fue dirigido por Alberto Collareta del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Pisa.
En la región de Apulia, en el sur de Italia, hay un amplio registro fósil de cirrípedos de misticetos de la familia Coronulidae, lo que llevó la que esta zona había sido considerada como un antiguo área de concentración de ballenas en la época de reproducción. Pero quedaba por saber si esos cirrípedos vivían sobre ballenas que se habían establecido exclusivamente en el Mediterráneo o se vivían sobre un hospedador que migrase estacionalmente a áreas de mayor latitud del Atlántico Norte, fuera del Mediterráneo.
Para estudiarlo se decidió analizar el perfil del isótopo de oxígeno δ18Lo a lo largo de la línea de crecimiento de la concha de un cirrípedo fósil extinto Coronula bífida, encontrado en la citada región y datado aproximadamente en 1,8 millones de años de antigüedad. La concentración del isótopo de oxígeno en la concha depende de la temperatura de precipitación de los carbonatos y de la concentración del isótopo del agua circundante, por lo que en la concha quedarán registrados los movimientos entre masas de agua con distintas temperaturas, bajo el principio de que en las aguas frías la concentración del isótopo será más alta que en las aguas calientes.
Pero había que tener en cuenta que la composición química de la concha fósil había podido haberse visto alterada por las transformaciones químicas o físicas que sufren con el paso del tiempo los materiales depositados o sedimentados en el sustrato tras la muerte del animal, mayormente cimentación y disolución sucesiva de precipitación (en el proceso denominado diagénesis). Por eso como control previo para conocer la calidad y buen estado de la concha fósil, se usaron cirrípedos epibiontes Coronula diadema (la especie actual más cercana a C. bifida), presentes en un ejemplar de ballena xibarte (Megaptera novaeangliae) varada en Burela en 2011 y que habían sido recogidos por CEMMA durante la necropsia del ejemplar y conservadas en el Banco de Muestras biológicas de la Red de Varamentos de Galicia. Una vez analizadas ambas muestras, en la comparación de elementos traza en el cirrípedo fósil italiano no se encontraron indicios de diagénesis que comprometieran la fiabilidad del análisis, a pesar del paso del tiempo.
Al hacer el perfil del isótopo de oxígeno δ18Lo en el fósil, en los resultados se observa una fase inicial que se corresponde con el crecimiento en aguas calientes (concentración baja), una fase intermedia de crecimiento en aguas más frías (detectando un incremento de la concentración) hasta alcanzar una cumbre y una fase final donde la concha crece en aguas progresivamente más calientes (merma paulatina de la concentración) hasta conseguir concentraciones próximas a las iniciales, estimándose una diferencia de 10° C entre las áreas. Después de esta tercera fase a concha dejó de crecer, lo que supondría un ciclo vital de sólo un año, similar al descrito para la especie actual C. diadema.
Por lo tanto se concluye que el cirrípedo fósil analizado fue epibionte hay aproximadamente 1,8 millones de años de una ballena que utilizaba el Mediterráneo central como área de cría en la época más fría del año en el Hemisferio Norte y que en verano se movía a las ricas áreas de alimentación en el norte del Atlántico.

